40 años de sacerdocio de Mons. Diómedes Espinal y de la creación de la Diócesis de Mao-Montecristi

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Monseñor Diómedes: Gracias y Perdón:

“Damos gracias al Señor por 40 años de la Diócesis de Mao-Mon­tecristi. Por todo lo que hizo Monseñor Tomás Abreu. La Diócesis no es el territorio, (…) son todos ustedes, aquellos que nos siguen a través de la radio, todos lo que habitan en estas cuatro provincias: Mao, Mon­tecristi, Dajabón y San­tiago Rodríguez. Uste­des son la Diócesis, y por eso, damos gracias al Señor por todos uste­des. Muy particularmente, por todos aque­llos que han venido trabajando y siguen trabajando, durante estos 40 años. No voy a mencio­nar a nadie, porque ahí entramos todos: el Obispo, los sacerdotes, diáconos, presidentes de asamblea, catequistas, parroquias, comuni­dades, todos… Y, por todos ellos, gracias Señor. Pido un aplauso fuerte, que se lo merecen. Ustedes son la Diócesis.

Después, de mis 40 años de vida sacerdotal, de ordenado,… tendría que decir solamente dos cosas. Primeramente, pedir perdón al Señor, a la Iglesia, a los fieles de las parroquias donde he trabajado, por mis infidelidades. Por todo lo que he hecho mal, por lo que he dejado de hacer y, quizás, por no mostrarme como sacerdote, santo, un pastor bueno para los fieles.  Pero sé que el Señor es rico en misericordia, que ve nuestras debilidades, nuestras miserias, y lo que hace es, más que castigarnos, pues, compadecerse y perdonarnos.

Por eso, pido al Señor perdón por todo lo que he hecho que no ha sido de su agrado o del agrado de los fieles, durante estos 40 años.   Y después, darle las  gracias a Dios, a su Hijo Jesucristo,  y a la Virgen María, por la gracia que me han concedido de mi vocación y de mi vida sacerdotal.

Agradecer…(silencio…aplauso de la asamblea, se le entrecorta la voz) a mi padre, a mi madre, a mi familia, que le pido que se ponga de pie. (…)   Mi familia ha sido un gran apoyo du­rante estos 40 años.  Agradezco a tantas personas que me han acompañado en la ora­ción, en el trabajo, que han sido comprensivos  y compasivos  conmigo.  Y por todos aquellos que me han animado a seguir adelante.

Y decía, un día de estos, que, como sacerdote, doy gracias al Señor por aquellos que me han querido, me han apoyado, me han ayudado y me han dado fuerzas para seguir adelante. Y también por aquellos que quizás no les he caído bien, que no los he tratado bien… Porque si Jesucristo tu­vo amigos y enemigos, el sacerdote que es pre­sencia de Jesucristo, también tiene amigos y enemigos. Pero Jesu­cristo, el amigo que no falla,  siempre ha caminado conmigo…”.

Testimonio del padre

Félix Rosario sobre Mons. Diómedes

El Obispo de Mao-Montecristi lo designó para hacer la homilía. Sacamos dos fragmentos.

“Mons. Diómedes ha demostrado ser po­seedor de esa vocación auténtica, y por lo tanto, del don que Dios le ha dado…” “Es un buen sacerdote, un buen formador, un buen compañero, es un buen pastor. Buen amigo, buen obispo, y, por qué no, buen campesino también…”. “Proviene de una familia humilde, pero bien unida, y de grandes valores, huma­nos, cristianos y so­ciales…”

Testimonio de Mons. Diómedes sobre el

padre Isidro Toribio.

En medio de la celebración de sus 40 años de sacerdocio, Mons. Diómedes recordó al  compañero de sacerdocio que “ya pasó a la Casa del Padre”, padre Isidro Toribio, de la Diócesis de La Vega:   “Yo supongo que él también  hoy estará sonriendo  desde la gloria del Padre con nosotros, porque fue un sacerdote humilde, pobre. No tuvo nada. Todo lo que tenía se lo daba a los más pobres. A veces… le hacían cualquier re­galo, (y le decían): “eso no es para que lo des, eso es para ti”. Y con el primero que se encontraba, y que (él) veía que era más pobre que él, se lo entregaba.  Y murió sin nada,  en las manos del Señor…”.