Para participar de los cantos de alabanza de los ángeles, necesitamos que nuestra oración sea verdadera, que fluya de un corazón humilde, sediento de amar a Dios con todas nuestras fuerzas (cf. Mt 22,37), es decir, con el mayor compromiso de nuestra parte:

“Sepan que son los santos ángeles quienes nos instan a orar para ayudarnos, se alegran con nosotros y oran por nosotros (cf. Tb 12,12; Zac 1,12). Pero si hacemos poca oración y nuestras faltas nos llevan a distracciones, despertamos ansiedad e ira en los ángeles, porque luchan tanto por nosotros y no nos aplicamos a rogar a Dios, ni siquiera por nosotros mismos. Así les mostramos desprecio e ingratitud por su amoroso cuidado hacia nosotros. Además, así es como dejamos al Altísimo Señor y Dios y caemos fácilmente en las redes de los espíritus inmundos” (cf. Nilo Asceta, La filocalia, vol. I, Torino 1982, p. 282).

El descuido de la concentración hace que nuestra oración sea infructuosa, la ayuda angelical en vano y nuestra adoración a Dios se contamina. Esta es la instrucción que nos dio el Nilo Asceta, un monje y ermitaño del siglo quinto. Debemos atesorarlos mucho si realmente queremos cantar himnos de alabanza a Dios en comunión con los ángeles.

El conocido biblista italiano y contemporáneo, Cardinal Gianfranco Ravasi, en la obra titulada “El Señor de la Aurora” informa que Igor Man, periodista y escritor, una vez recibió de la santa Madre Teresa de Calcuta, una carta a la que adjuntó cinco granos de arroz. Estos fueron los consejos de la Madre Teresa, que decían así: 1. El fruto del silencio es la oración. 2. El fruto de la oración es la fe. 3. El fruto de la fe es el amor. 4. El fruto del amor es el servicio. 5. El fruto del servicio es la paz.

Las cinco semillas, en realidad contienen seis valores espirituales simbólicos: silencio, oración, fe, amor, servicio y paz, comenta Ravasi. Quisiera distinguir el silencio porque es una especie de vientre fértil que despierta la oración. Como decía el religioso dominico de Italia, Girolamo Savonarola: El padre de la oración es el silencio, y la madre la soledad. Así que el silencio es un cierto don y virtud, y no solo un puro contexto externo. Cabe señalar que en la fuente de todo hay una gracia: es de la oración, que es el encuentro con Dios, brota un río puro de fe, amor, solidaridad y paz.

Los santos ángeles, adorando y alabando constantemente a la Santísima Trinidad, hagan consciente a todo cristiano de que está consagrado a Dios por la gracia del santo bautismo y experimente en plenitud su sacerdocio real, adorando y alabando celosamente a Dios, ofreciendo a Dios un don continuo de acción de gracias.

Padre Jan Jimmy Drabczak CSMA

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