Ynés se nos adelantó a la felicidad plena Amaurys Rodríguez

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El pasado 7 de agosto, en medio de la no­che, del agua, de la confusión y del dolor nos enteramos de la in­fausta noticia de la partida a destiempo de una mujer, madre, esposa, amiga, cristiana y ejemplo para todos: nuestra Ynesita.

Como tantas veces se elevó tu voz cantora, en alabanzas que atra­vesaron las nubes y ­llegaron al trono de Dios, así tu alma se ele­vaba en aquella noche confusa y dolorosa has­ta el lugar del consuelo, de la luz y de la paz, donde seguro has en­contrado la felicidad en la que tanto creíste, por la que tanto luchaste y que muchas veces este mundo injusto te negó.

Fuiste una hija obediente y amorosa, una madre abnegada, una esposa fiel, una amiga entregada y una cristia­na que vivió, día a día, la caridad que apren­diste desde la cuna con tus padres Eddy y Car­men. El testimonio de esta caridad está grabado en muchos de tus fa­miliares y de quienes seguiremos siendo tus amigos incondiciona­les, incluso, en el testi­monio de dos sacerdo­tes del clero de Santia­go a quienes les salvas­te la vida con la misma fina maniobra del buen Samaritano del que nos habla el Señor en el Evangelio.

Solo nos queda de­cirte que te vayas en paz, que vueles alto, hacia el lugar que Cristo preparó para ti desde la eternidad. Aunque nos has dejado un vacío que no será fácil de llenar, y lágrimas en nuestros rostros con sabor a esperanza, queremos seguir adelante, animados por tu ejemplo, y cuidando a tus dos tesoros: Ale­jandro y Sebastián, en quienes tu sonrisa, tu belleza y tu dulzura se­guirán viviendo de for­ma especialísima.