Un crisol en tu vida

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√Por: Isabel Valerio Lora, MSc.     

‟ Te pedimos que por Tu gracia, de vez en cuando, reveles las razones del crisol con esas profundas enseñanzas y nuevas dimensiones de vida espiritual que sólo el sufrimiento puede producir.″ (Worthy Latino, 2014). 

El crisol es un recipiente refractario generalmente de porcelana que se utiliza para colocar en su interior compuestos químicos que se calientan a temperaturas muy altas. O sea, era el vaso donde los antiguos alquimistas trataban de obtener el oro a partir de otros metales.  Su función es principalmente calentar, fundir, quemar y calcinar sustancias.

Con el  término  crisol se indica que las personas, independientemente de sus creencias, sus tradiciones o sus orígenes, conviven de forma armoniosa y teniendo como principales valores el respeto a los demás y la tolerancia. (Pérez y  Merino 2017).

Desde la psicología, se denomina crisol a toda situación en la que algo se refina.  Bennis y Thomas (2022), refirieron que un crisol es una experiencia transformadora a través de la cual una persona adquiere un sentimiento de identidad nuevo o modificado.

Los eventos transformadores  son pruebas severas, intensas, a veces traumáticas pero nunca planeadas, que nos  obligan a  realizar una  autorreflexión sobre nuestras suposiciones, valores y afinan nuestro  juicio. Hay crisoles que son violentos y ponen en riesgo nuestra vida, por ejemplo: Un asalto. Otros son positivos pero profundamente desafiantes. Como es el caso de prepararse para un concurso de oposición docente.

Nuestra vida es una secuencia salpicada de crisoles donde podemos transformar no en oro sino en experiencias valiosas los sucesos  inesperados que llegan  a ella. Son momentos donde hablamos sin un guión escrito y cantamos sin partitura ni letra.  Son esos instantes, en los que ha habido un punto de inflexión, un antes y un después, una fisura o discontinuidad: un evento positivo o una crisis, donde lo hemos pasado realmente bien o mal. Es interesante ver cómo hemos reaccionado a esos crisoles qué aprendimos y con qué imagen de nosotros mismos nos quedamos, qué nuevas facetas nuestras han brotado y cómo éstas han conformado nuestra propia autoimagen.

Recuerda, la verdadera experiencia, no consiste en lo que nos sucede, sino en lo que nosotros hacemos con lo que nos sucede.