SU AMISTAD CON JESÚS

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Hacia la Canonización de Carlos de Foucauld

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Mons. José Sinencio Peralta 

Hemos tenido el desarrollo de varios artículos que permiten dar a conocer la vida de este humilde y sencillo  hombre que desde que descubrió que Dios existe, se da cuenta que no puede vivir sino es para Él.

La relación de amistad del Hermano Carlos con Jesús queda marcada por la dedicación a la meditación constante del Evangelio, que lleva a entender que su vida está orientada a amar, más que escrutar la verdad; la conclusión está centrada en la de un corazón que ama cada día más ardientemente.

Esa relación de amistad del Hermano Carlos con Jesús se fundamenta en querer hacer en todo momento la voluntad de Dios, tal y como el mismo Jesús hace y expresa al hablar de su relación con Dios Padre. Quiere hacer radicalmente lo que Jesús pide a sus discípulos ¨Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando¨ (Jn.15,14).

Su relación de cercanía y de amistad con Jesús de Nazaret también queda expresada en la dedicación de largas horas de adoración a Jesús en la Eucaristía. Antonio Furioli  gran estudioso de Carlos de Foucauld afirma  que fue a través de la oración que él comprendió que el valor de una vida se mide precisamente por el peso de la adoración. Poco a poco comenzó a entender que solo Dios tiene el valor y que la vida de un hombre sumamente sencilla debe consagrarse totalmente al que es infinitamente grande.

Carlos de Foucauld profundiza a Cristo en el desierto y lo ve a través de criaturas que nunca habían oído hablar de él.  El desierto es el lugar  de lo esencial, donde se ha barrido lo superfluo, en el desierto uno se siente obligado a reflexionar, a concentrarse sobre el significado de la propia existencia; el desierto es una llamada  a la reflexión, a la desnudez interior, a la oración.

Al comienzo de su conversión tuvo que sostener grandes luchas, porque trataba de hacer coincidir la amistad por el mundo con la de Dios. El que sigue a Jesús rompe todos los puentes con el pasado de una vez para siempre. Este hombre de Dios descubrió que la renuncia por el amor de Dios es el camino principal para seguirle, es el único medio realmente válido para romper el apego exagerado de las criaturas, que hace  perder la incomparable y satisfactoria amistad con Dios.  

Renunció a los bienes materiales, pero más aún a los bienes más queridos; yo amaba con infinita ternura lo que el buen Dios me había dejado de familia;  yo quise hacer un sacrificio para imitar a quien había hecho mucho. El que negó en varias ocasiones la existencia de Dios, seguirá a Cristo el Señor, con esa realidad de Fe, propia de quien ha sentido tarde la llamada de Dios.

Profundiza su amistad con Jesús en el mismo lugar de Nazaret; deseaba tener esta experiencia de Nazaret porque entendió muy bien lo que Jesús dijo a sus discípulos que tenían que pasar primero por Cristo para llegar al Padre ¨Nadie puede ir al Padre, sino por mí ¨ (Jn. 14,6). En su gran encuentro con Jesús en Nazaret, el hermano Carlos toma conciencia de la vida oculta de Jesús, una vida monótona, rutinaria y sumamente pobre.

Le fascinaba siempre esa vida de lo pequeño y de lo insignificante para el mundo.- Experimentó en Nazaret, la vida del nazareno que para él era Jesús en sus estado de aniquilamiento, en su estado de Pobreza, de Fragilidad, humildad, de una vida que él llama de abyección, de humilde trabajo, ocultamiento.

Su gran preocupación es imitar a Jesús hasta lo imposible. El punto esencial para este humilde santo consiste en: No perder, cueste lo que cueste, el amor de Cristo Jesús, amor del que nace el deseo absoluto con el que él quiere seguir a Jesús. Toda su vida es una búsqueda de la voluntad de Dios a la luz de la enseñanza de Cristo. Carlos empieza a amar a Jesús buscando su gran amistad. Llegó a decir: ¨ Yo sentía que podía tratar al Señor como un amigo¨.Terminamos este artículo, que es la relación de amistad de Carlos con Jesús, concentrada en el ideal de amor hacia Dios: lo que cuenta es la caridad vivida con un ímpetu que la vuelva contagiosa. Es decir, toda nuestra vida por más muda que sea la vida de Nazaret, la vida del desierto, la misma vida pública, debe ser predicación del evangelio hecha con el ejemplo. Todo nuestro ser debe convertirse en una predicación viva, en un reflejo de amor a Jesús. (2 Cor.2,15).

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