Si su guía es ciego, ¡ya usted llegó!

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Manuel Maza, S.J.  [email protected]

En viaje al Pico Duarte nos perdimos. Confiábamos en los guías y ellos se confiaron en su pericia. Caminábamos rápido, queríamos reservar mucho espacio en la Guácara para levantar las tiendas, éramos más de 135 caminantes. Nuestros guías se olvidaron de que antes de la verdadera bajada interminable a la Guácara, hay otra que luce igualita. Se perdieron los guías y nos perdimos todos. Caminamos en vano: dos horas bajando y dos para arriba. Luego retomamos el camino verdadero con cuatro horas inútiles en las costillas.

   Importantes sectores de nuestro país están confiados: los turistas y cruceros llegando, las playas, bellas; los aguacates y cacaos creciendo, los edificios levantándose. Todo eso es bueno y da confianza. Vamos rápido hacia la bajada de las próximas elecciones, ¡casi estamos en campaña! Y la gente lista y ciega para marchar voceando consignas y agitando banderitas. Muchos discuten quién debe ser chofer del mismo concho. Pocos hablan del motor y casi nadie de la ruta a tomar.

   ¿Podemos mirar el futuro con tranquilidad en un país donde la mitad de la población ya está condenada a vivir y morir pobre? 

   Yo viví en una República Dominicana donde usted podía cruzar a pie de Guachupita a los Guandules un viernes a las 11 de la noche, saludando vecinos en camiseta, jugando dominó. Ahora, ¡ni lo piense! Escuchábamos, aterrorizados, historias de asaltos y asesinatos en otros países. Pensábamos que nunca nos tocaría, ¡y ya nos tocó!

   La pesadilla que viven los venezolanos desde hace 20 años, ¿no nos tocará a nosotros? Son buenas las playas lindas, todavía sería más lindo montar un modelo económico que genere más puestos de trabajo y una justicia que emocione más que la pelota. Nos puede tocar un iluminado ciego que el pueblo desesperado siga ciegamente.