Ser padre papá

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El mes de julio trae muchas cosas, como fiestas patronales, re­cuerdo de grandes santos de la Iglesia como Santiago Apóstol, Santa Marta, San Igna­cio de lo Loyola y otros. Es el mes de las vacaciones, pues ya ha cesado la actividad de los niños y adolescen­tes en la escuela. Y, entre otras cosas, al final trae la celebra­ción del Día de los Padres, una tarea ma­ravillosa en el mundo hoy.

Pues ser padre es ser dador de vida, prolongar la vida en otro ser humano. No es ser un simple proveedor como se quiere plan­tear y equiparar hoy, pues muchos conside­ran buen padre de fa­milia a aquel que solo sabe llevar el alimento, la manutención a la casa, el que sabe darle cosas a sus hijos. El que solo es una especie de ente de producción, y resulta que la paternidad está mucho más allá de todo eso.

Si bien es cierto que en nuestro medio hay padres que solo saben expresar su amor a sus hijos mediante la provisión de cosas, sé de hijos que prefieren cambiar todo eso por un simple abrazo o unas palabras de cari­ño y el apoyo que le pueda dar su padre.

Pero resulta que algunos de ellos no pueden, pues no saben expresar esas cosas, ya que fueron educados en unos ambientes ma­chistas y patriarcales, donde todo eso era vis­to como muestra de debilidad y sobre todo de femineidad.

Pero hoy día esas cosas han cambiado, estamos en medio de una sociedad más abierta y diversa, donde hay espacios y momentos para expresar lo que se siente y se quiere. De ahí que a los padres hoy se les pide que expresen su amor y cariño a sus hijos, con gestos concretos como besos y abrazos, que jueguen con ellos y entren en un clima de confianza, que no disminuye su autoridad, sino que por el contrario la acrecienta y la fortalece.

A los hijos cual­quiera puede darle la provisión de alimento, educación, vestido y otras cosas materiales, pero el peso moral que caracteriza y fundamenta la vida de los seres humanos solo un padre puede dárselo. Tal vez por eso vemos en el mundo de hoy tanta falta de conciencia y escalas de valores indefinidas y equivocadas, muchas actitu­des corruptas y corruptoras, pues no hay en la vida de muchos indivi­duos toda una expe­riencia educacional en lo moral por parte de ese maestro especial en dicha materia que es el padre.

Igual podríamos de­cir en la transmisión de la fe y en la ayuda a aceptar el don, la gracia de creer dada por Dios a los hombres y mujeres de este mun­do, pues toda gracia necesita una naturaleza cultivada para que arraigue y se acepte y dé los frutos que el Señor espera, y uno de los mejores labradores para que la buena semilla de la fe caiga en ese terreno que son los hijos y dé frutos es también el padre.

Papá puede ser el mejor catequista que pueda tener un cre­yente en el camino del conocimiento de su fe, pero sobre todo en los hijos ver esa participa­ción activa y práctica en las acciones litúrgicas, pastorales y espi­rituales de la comuni­dad a la que se perte­nece. Ese ver al hijo de la mano de su padre camino a la Iglesia, es lo mismo que ver a Dios llevándonos a su morada.

Que el Señor nos dé y envíe muchos y santos padres-papás a este mundo a tantos hijos que lo necesitan.