“SEGUNDO ISAÍAS”: PROFETA DE CONSOLACIÓN

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Así dice el Señor: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.” (Isaías, 42, 1-4.6-7)

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Hacia mediado del siglo VI a.C., el pueblo judío llevaba alrededor de cuatro décadas sometido al imperio babilonio. La fe del pueblo tambaleaba desde sus mismos cimientos. Desde antaño se les había enseñado, a través de tantas narraciones bíblicas, que Yahvé, su Dios, era el más poderoso. Cada año celebraban cómo los había sacado de Egipto y les había dado la tierra que heredaron de sus antepasados. Pero ahora que estaban sometidos a Babilonia dónde estaba la omnipotencia de su Dios. ¿No era el Dios de sus enemigos más poderoso que Yahvé?

Entonces surgió, posiblemente de entre los desterrados mismos de Babilonia, un profeta que hoy conocemos con el nombre de “Segundo Isaías”. Se le llama así porque es un profeta “sin nombre, sin rostro, sin estado civil”. Solo sabemos que le tocó hacer frente al desaliento del pueblo, a su crisis existencial y religiosa. Su mensaje pretende ser la respuesta de Dios a las incertidumbres y desánimo del pueblo. A este profeta se le atribuyen los capítulos 40-55 del libro de Isaías. A dichos capítulos se les suele llamar “Libro de la consolación de Israel”, porque ya desde el mismo comienzo aparece Dios pidiendo al profeta que consuele su pueblo: “Consuela, consuela a mi pueblo…Se acabó el tiempo de la esclavitud… Aquí está su Dios para salvarlos” (Is 40, 1ss; y 49,13; 51, 3.12. En todos estos versículos aparece el verbo “consolar”). Estamos, entonces, ante un profeta de consuelo.

En el “Segundo Isaías” o “Libro de las consolaciones”, tienen una importancia particular los llamados “cánticos del Siervo de Yahvé”. Son cuatro. Por lo regular se leen en Semana Santa; así mismo, este domingo, que celebramos la solemnidad del Bautismo del Señor, se nos ofrecen unos apartes del primero de esos cánticos. Se trata del texto que aparece al inicio de esta página. Notemos que lo primero que nos trae es la presentación del Siervo por parte de Dios: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu”. Cuatro cosas se nos dicen de él en tan pocas palabras: Dios lo sostiene, lo ha elegido, es su preferido y ha puesto en él su Espíritu. No podía haber un texto mejor para ser aplicado a Jesús el día de su bautismo. Aunque en realidad el “Segundo Isaías” no nos dice a quién se refiere cuando habla del Siervo.

En efecto, los especialistas se han roto la cabeza tratando de averiguar quién es el “Siervo de Yahvé” de quien habla Isaías. Algunos piensan que podría tratarse de un individuo, tal vez el mismo “Segundo Isaías” o una figura inspirada en el profeta Jeremías, contemporáneo de este autor; otros consideran que podría aludir al pueblo de Israel o a algún grupo de fieles israelitas. En todo caso, el “Siervo de Yahvé” es una figura desconcertante. Como lo sería el mismo Jesús. Ambos son tan admirables que son únicos. Del Siervo se dice que será mediador de Dios para cumplir una misión: la de salvar a todas las naciones. Lo hará gracias a que Dios ha puesto en él su espíritu. Se nos dice que hará su misión sin violencia, respetuosa y pacientemente. Y una vez más se repite la iniciativa divina: “te he llamado”, “te he cogido de la mano”, “te he formado”, y “te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones”. Para luego expresar con mayor precisión en qué consistirá su misión: dar vista a los ciegos y libertad a los oprimidos. ¡Exactamente lo que hará Jesús en su misión!

Lo cierto es que el “Siervo de Yahvé” nos recuerda a tantos hombres y mujeres elegidos y sostenidos por Dios, que, gracias a la presencia del Espíritu de Dios en ellos, han desempeñado su misión en el mundo de manera admirable. Tremendo reto para los bautizados.