Repercusiones de la Enfermedad de Parkinson

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“Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas”. San Agustín.

 

El Mal de Parkin­son es una enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento. Los temblo­res son habituales, la enfermedad suele causar rigi­dez o disminución del mo­vimiento.

La Organización Mundial de la Salud declaró en 1997, el 11 de abril, Día Mundial del Párkinson, descubierto en 1817 por James Parkinson, quien en ese entonces lo lla­mó parálisis agitante.

La enfermedad de Parkin­son se presenta a través de una serie de síntomas, moto­res y no motores. La presencia de éstos y su intensidad varía de unas personas a otras.

Entre los síntomas moto­res tenemos:

* Temblores. Un temblor, o sacudida, generalmente comienza en una extremidad, a menudo en la mano o los dedos.

* Movimiento lento (bra­dicinesia). Con el tiempo, puede retardar los movimientos, haciendo que las tareas simples sean difíciles y lleven más tiempo.

* Rigidez muscular. En cualquier parte del cuerpo esto resulta dolorosos y limita la posibilidad de movi­miento.

* Alteración de la postura y el equilibrio. La postura puede volverse encorvada o tener problemas de equili­brio.

* Pérdida de los movi­mientos automáticos. Como parpadear, sonreír o balan­cear los brazos cuando caminas.

* Cambios en el habla. Puedes hablar suavemente, rápidamente, insultar o dudar antes de hablar.

* Cambios en la escritura. Puede resultarte más difícil escribir y tu letra puede parecer pequeña.

Entre los síntomas no mo­tores (neurológicos, psicoló­gicos, digestivos) tenemos:

* Problemas de estado de ánimo y cambios emociona­les (tristeza, miedo, inquie­tud…)

* Complicaciones para dormir (sueño intranquilo, dificultades para permanecer dormido, somnolencia diurna…).

* Estreñimiento o incontinencia

* Dificultades para tragar y masticar

* Problemas de memoria, de razonamiento, del lenguaje, incluso demencia

* Fatiga y sensación de falta de energía

* Disfunción sexual

* Disminución de la tensión arterial.

La ayuda psicológica es de gran importancia para aceptar y convivir con la enfermedad y para mejorar la calidad de vida del afectado, su familia y su cuidador, ya que trabaja con técnicas de afrontamiento a situaciones manifestadas a partir o como consecuencia de la enfermedad, buscando mantener la capacidad cognitiva y el bienestar emocional.