Repercusión del hambre en el aprendizaje

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“Con la Cruz, Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mun­do.” Papa Francisco.

 

El hambre repercute directamente en el desa­rrollo del individuo en la sociedad, dependiendo de la etapa del desa­rrollo en la que se en­cuentre. Sea cuando se está gestando por la es­casa nutrición recibida por la madre o du­rante los primeros dos años de vida, esto influye considerablemen­te en la futura capacidad inte­lectual del indivi­duo.

La UNICEF define el hambre como una situación en que se ha­llan las personas que carecen de los nutrien­tes necesarios (proteínas, energía, y vitaminas y minerales) para llevar una vida plenamente productiva, activa y sana.

El hambre puede ser un fenómeno de breve duración o un problema crónico. Puede presentar distintos grados de gravedad, del hambre moderada a un estado clínico, y puede ser una consecuencia de la esca­sa ingesta de nu­trientes o de la incapacidad del cuerpo para ab­sorber los nutrientes necesarios.

Según un estudio pu­blicado por el Programa Alimentario Mundial (órgano de la ONU), el hambre reduce la capa­cidad de aprendizaje en los niños, puede supo­ner una discapacidad inte­lectual irrecuperable y un menor coeficiente intelectual .

El hambre en pri­mera infancia, de niños con bajo peso al nacer, trastornos del creci­miento y carencias nutricionales, pueden dañar la capacidad básica de aprender, limitando al niño a investigar el mundo que le rodea (para recibir estimula­ción) y de concentrarse en esas interacciones.

En la edad escolar, el hambre reduce las oportunidades de aprender, disminuyendo la capacidad de atención .

En la edad adulta, el hambre no afecta a la capacidad intelectual básica, pero sí reduce las oportunidades de aprender aumentando el costo de oportunidad de participar en las actividades pedagógicas .

El cerebro necesita nutrientes y sustancias adecuadas para su funcionamiento. Si los nu­trientes son inadecuados, ocasiona desequilibrios neuroquímicos, que provocan altera­ciones en el pensamiento, la percepción, las emociones, y las conductas.

En resumen, el hambre limita la capacidad de concentración y re­percute directamente en el aprendizaje, impi­diendo que se apro­ve­chen las oportuni­da­des educativas y el desarro-llo del intelecto.