Rafael Delgado, un legado de fe, integridad y respeto

0
179

Palabras de su hija Yolanda en el novena­rio del señor Rafael Delgado:

Más allá de la tristeza, nuestros corazo­nes están llenos de bue­nos recuerdos y gratitud por lo que significó Rafael en la vida de quienes tuvimos la di­cha deconocerle.

Nació en Jarabacoa. El 5to. de10 hermanos, procreados por Mar­celo Delgado y Fideli­na Quezada. Creció en el seno de una familia católica, por lo que re­cibió sus sacramentos a temprana edad.

Cursó la carrera de agronomía en la Escue­la Agrícola Salesiana de Moca. Realizó curso de especialidad en la universidad de Cornell en Estados Unidos.

Contrajo matrimonio con Yo­landa Tibur­cio, con quien procreó cuatro hijos: Rafael, Annerys, José Ricardo y Yolanda Josefina, a quienes inculcó va­lores familiares y cristianos, predicando siempre con el ejemplo y siendo guía, tanto en lo espiritual como en lo perso­nal y profesional.

Gran parte de su vi­da laboró para la em­presa Fersan. Pero más im­portante que su vida profesional, fue su tra­yectoria como persona y como cristiano: fue un hombre de princi­pios, de fé, justo, gene­roso, íntegro, pacífico, paciente y comprensivo. Como hombre de Iglesia recibió el ministerio de Presidente de Asamblea del primer grupo de tres, de manos de Monseñor Adames, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, Los Jardines Metropolita­nos, Santiago, donde sirvió sobre todo en el consejo parroquial.

Luego pasó a servir en la Parroquia Corpus Christi, de La Rosale­da. Creyente, practicante y cursillista siempre activo; mostrando su preferencia siempre por los más necesitados.

Una larga enferme­dad puso fin a su fructífera vida, durante la cual siempre mantuvo viva su fe a través de los sacramentos que lo mantenían fuerte ante el dolor. El pasado 9 de no­viembre fué llamado a la Casa del Padre.

Quienes tuvimos el privilegio de quererlo, respetarlo, admirarlo y compartir con él, estamos seguros que su existencia no ha terminado ni se ha extinguido con su partida, por el contrario, sabemos por fé que esa llama encendida que deja en nuestros corazones y el legado que deja a su esposa, hijos y nietos, trascenderá, mientras llega ese momento en que nos reunamos de nuevo en la eternidad.