PRIMER CENTENARIO DE LA CORONACIÒN DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALTAGRACIA (1922-2022)

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Por: Reynaldo R. Espinal

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5ta.  y  última entrega

Continuaba reseñando el Listín Diario el feliz acontecimiento eclesial de la Coronación Canònica de Nuestra Señora de la Altagracia, en los siguientes términos:

“…Comunidades religiosas de Hermanas Mercedaria y de Santa Clara, Padres Capuchinos, representación de Subjuntas Diocesanas, representaciones comunales, Banda de Música, oficialidades de Bomberos, Cuerpo Diplomático y Consular, Autoridades Civiles y Militares, Tribunales de Justicia, Junta Central Diocesana, el Clero Arquidiocesano, portador en hombros de la Corona, rica prenda que divinamente inspirado concibió nuestro máximo artista ABELARDO( se refiere a Abelardo Rodríguez Urdaneta, subrayado nuestro) y que ejecutó fielmente para nuestro propio crédito y enaltecer el de la joyería italiana de los Señores Prota y Oliva, el orfebre Alipio Rodríguez ayudado por su discípulo Adolfo Hernández.

No cabe en esta reseña la descripción de la rica prenda, que accediendo al ruego público describiremos detalladamente. Basta decir ahora, que sólo las piedras preciosas que la engalanan y poco del oro de su confección no son criollos, después hasta la tierra de los moldes de la fundición fue recogido en el gran solar nativo.

Después de la CORONA seguía en el desfile de la Delegación Pontificia, detrás la carrera con el Divino Lienzo, y sucesivamente pelotones de honor de la Policía Nacional y de la Municipal con sus Jefes al frente, millares de fieles no comprendidos sus asociaciones religiosas, los millares de peregrinos que concurrieron a la adoración de la Virgen con motivo de la Coronación Canónica y la banda municipal de música de Santo Domingo.

Por la calle Arzobispo Meriño a la Arzobispo Nouel, de esta a la Palo Hincado y al Baluarte 27 de febrero

Las piedras del altar de Nuestra Gloria, santificadas por el candelazo inolvidable de la madrugada heroica, se inclinaban mientras escuchaban el Himno de la República que ejecutaba la banda de La Vega.

Tanto o más que las lágrimas vertidas de patriótico goce, frente a aquellas piedras seculares las enaltecía la fe que junto a ellas iba a hacer su brote más augusto.

Arriba, en el reducto máximo un pedacito de Roma, cinco Mitras rendidas, cinco báculos postrados, bajo veinticinco mil cabezas descubiertas, que no disolvió la lluvia, cuando leve, pareció rocío de perlas con los colores del sol, ni cuando, molesta pareció gruesa, empeñada en la disolución.

Tal la reproducción viviente del viejo cuadro que hace dos siglos está colgando en las paredes de San Dionisio de Higuey.

Lectura fue dada al Breve de Su Santidad y el representación del Monseñor Vasconcellos, pues en manos de los ángeles que el Artista concibió, adorándola en la Altura y venerándola en la tierra, la ornamentación imperial, tributo el más elocuente y el más sentido de sus hijos; mientras una sola voz de mil corazones con la mente puesta en el misterioso arcano del porvenir, pronunciaba la máxima plegaria:

Virgen Santísima, Madre Nuestra de la Altagracia! Ampara y defiende al católico pueblo dominicano, que hoy te corona y te proclama su única Reyna y Soberana! Ave María.

Mientras tanto, el cañón tronaba y veinticinco mil corazones eran uno solo en el corazón de la República.

Ahora, por la vez última en este ciclo de las fiestas de la Coronación, la palabra del Padre Sculpi, volvió a fecundar el sentimiento de la cristiandad dominicana.

 Siguió el desfile con la Madre Excelsa, coronada, hasta la puerta norte de la Basílica, en donde quedó expuesta a la adoración filial, hasta pasadas las horas de la primera noche.

Nuestra información continuará con detalles esenciales y complementarios”.

FIN