Pobrecito mi país

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Pobrecito mi país

Pobrecito mi país, donde se habla de millones de pesos, como si fueran hojas de palos. Pobrecito mi país, don­de solo se habla de figuras del medio como noticia del día, de la se­mana y del mes. Pobrecito mi país, donde cada día mueren mis hermanos dominicanos y ya casi no lo sentimos.

Pobre­cito mi país, donde algunos ganan sueldos por encima de lo normal con privilegios y honorarios. Pobrecito mi país, donde muchos pelean por no cumplir las normas para poder salir de esta situación que estamos viviendo, a causa del covid-19. Pobrecito mi país, donde los po­bres cada día son más pobres y los que tienen riquezas tienen más oportunidades para seguir teniendo.

Pobrecito mi país donde aún existen lugares donde la salud es cada día una situación que nos da impotencia porque algunos tienen dónde encontrar respuestas a sus necesidades, mientras hay otros que su centro de salud se encuentra en una situación deplorable.

A veces pienso que existen dos mundos, pero no, existe uno solo; el mundo que Dios creó, donde todos somos iguales. Qué ha pasado? Sim­plemente que nos hemos vuelto in­sensibles y que la riqueza está mal repartida. San Juan XIII en su Encí­clica Paz en la tierra decía: “El ser humano tiene derecho: a la salud, a la educación, la vivienda, a la asocia­ción, a vivir con dignidad.”

Pobrecito mi país. No, mi país no es pobre; es un país rico. Es rico en su gente, en sus recursos naturales. Nuestro país lo tiene todo. Es el país de los bellos amaneceres y atardeceres.

Es el país de la alegría. Lo que pasa es que la riqueza está mal distribuida. Unos tienen en abundancia y otros como decía mi maestro, los hijos de machepa solo tienen el día y la noche. El día para ganarse con dignidad el pan de sus hijos y la noche para dormir, pero pensando que no tienen nada asegurado para dar de comer a su familia.

Dios de amor e infinita generosidad, aunque muchos se olviden de los más necesitados, acuérdate de ellos para que puedan vivir y morir con dignidad. Acuérdate de nuestra querida nación, que haya pan, viviendas, salud y educación para todos. Permi­te, como dice la canción, que nos amemos más y nos odiemos menos. Permite que los pedacitos de pan que caigan de las mesas de los grandes lleguen a las manos de los más pobres.

Que nuestra patrona, la Virgen de las Mercedes, bendiga desde el Santo Cerro, La Vega, esta encantadora y hermosa patria. Que brillen como la luz del nuevo día los principios de nues­tros fundadores y que resuenen  en nuestra mente y corazón las sabias palabras del padre de la Patria Juan Pablo Duarte. “Sed justos lo primero…

Desde un rinconcito hermoso de nues­tro país les bendigo.

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