Palabras Sueltas

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Alianza

El término alianza viene del latín alligare, ‘atar’. Así, personas o estados ‘se atan’, es decir, se comprometen por la alianza realizada. No ha de olvidarse que en castellano se llama también alianza al anillo matrimonial.

En tiempos de mucha inestabilidad y peligros, los pueblos antiguos realizaban frecuentes alianzas; comúnmente no eran igualitarias, pues no era igual vencedor que vencido, a la hora de pactar.

Alianza era, pues, una palabra clave en la antigüedad, y así lo encontramos en la Biblia. En hebreo se llama berît, cuyo significado original parece ser “entre dos”, destacando la bilateralidad de la alianza.

La expresión hebrea para realizar la alianza es karat berît, ‘cortar entre dos’. La alianza siempre “se corta” (noten la paradoja al comparar con el verbo latino alligare, ‘atar’). Es decir, para realizar la alianza se corta por medio el animal que será ofrecido en sacrificio, con cuya sangre queda sellado el compromiso. (El filósofo Platón hace alusión al rito de “pasar por en medio de la víctima” para sancionar un juramento solem­ne: Leyes 6,753 d).

En la tradición sacerdotal del Antiguo Testamento se cambió la palabra berît por ‘edût o también ‘edôt (‘estipulaciones’, ‘disposiciones’), que la Biblia griega (Los LXX) tradujo como diatheke (‘disposición’, ‘disposición testamentaria’).

Alma

La palabra castellana alma nos llega del latín ánima (y ánimus), y al igual que el hebreo nefeš significaban originalmente ‘soplo’ o ‘respiración’. (Como al derramarse la sangre cesaba el nefeš, los judíos entendían que éste se encontraba contenido en ella; por eso no comían nada hecho con sangre, ni con carne que la contuviera).

La traducción griega de la Biblia (Los LXX), sustituye nefeš por psykhe (alma), reinterpretando así el término hebreo a la luz de la antropología griega.

Nótese cómo ánima y ánimus perviven aun en el idioma castellano; todavía hay quien diga “como ánima en pena”; y mucho más extendido es el uso de la palabra “ánimo”.

Almus, alma, almum significaba en latín ‘quien alimenta, nutricio, que vivifica, fértil, feliz, hermoso, puro, santo’. Por eso se llama “alma mater” a la universidad, entendida como ‘madre nutricia’ del estudiante.