PABLO KASONGA  SE NOS FUE AL CIELO

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EL PADRE DE LAS COMUNIDADES ECELSIALES DE BASE

Por P. Marco A. Pérez Pérez

El martes 29 del pasado mes de marzo la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM) hizo público el fallecimiento del padre Pablo Kasonga, un misionero apasionado de su vocación sacerdotal y una grande alma misionera de los más pobres entre los pobres. Su deceso ocurrió en la mañana de aquel día en la patria que lo vivió nacer, la actual República Democrática del Congo, en el continente de África.

Durante 30 años vivió y trabajó como misionero en la Diócesis de Barahona sin importar la cara dura de la realidad del sur de la República Dominicana. Sus pies de misionero profético y servidor recorrieron las calles, los barrios, los campos, los bateyes y ciudades de las parroquias San Antonio de Padua de Tamayo, San Martín de Porres de la zona cañera e Inmaculada Concepción del municipio de Oviedo, en la provincia de Pedernales, situada en la zona costera del país, donde hasta el mes de junio del pasado año 2021 desarrolló su entusiasta  labor pastoral dando testimonio de la alegría del evangelio en medio de la pobreza, la lejanía y la aridez de tantos corazones.

Asimismo, en la Diócesis de Barahona, el padre  Kasonga marcó con su estilo pastoral la vida de las comunidades eclesiales de Base, a las que dedicó prácticamente toda su vida y su tiempo, a las que se entregó por entero. Animador y formador incansable que cual Moisés soñaba con la liberación de su pueblo, como San Pablo se sentía padre de las comunidades y como Jesús siempre proclamó los valores del Reino de Dios: vida, justicia, paz, solidaridad y fraternidad.

Su siembra misionera se cosecha en la zona pastoral de La Cuenca del Yaque, a la que imprimió su carisma misionero, artículo sus áreas pastorales, formó sus agentes de pastoral, infundio el sentido de pertenencia eclesial y el compromiso con la justicia social. En los dos últimos periodos de su fecunda y motivadora misión acompañó la zona de La Costa como vicario de Pastoral de la misma.

Su celo pastoral, amor a la Iglesia y devoción mariana caracterizaron su vida y consagración sacerdotal. Esto le llevó a comprometerse claramente en una opción preferencial por los pobres al estilo de Jesús y de la Iglesia Latinoamericana. Un ardiente promotor de las conclusiones de Aparecida y de una Iglesia en salida, la del Papa Francisco.

El testimonio evangelizador del padre Kasonga supera sus discursos. Digno de mencionar fue su ejemplo de pastor en la comunidad de Tamayo, cuando aquel ciclón George, en 1998, dejó el pueblo bajo escombro y quedó sepultado de lodo, el padre Pablo quedó colgado en el techo y aunque quisieron rescatarlo, prefirió sufrir con su gente, siendo un verdadero pastor que olió a ovejas.

Descansa en paz Pablo Kasonga. La Diócesis de Barahona te agradece y te recordará siempre. Padre Kasonga, tú vives en las CEBs. Alégrate ahora en el cielo, tu verdadera patria. Si bien   es cierto que uno sabe donde nace, pero no donde muere, tuviste la dicha de morir donde naciste: en el Congo, donde el Señor te ha invitado a pasar a su casa, “siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25, 14-30).