Por: José Jordi Veras Rodríguez

REALIDADES Y EXTRACTOS

En el momento en que escribimos este artículo, estamos afectados, junto a toda nuestra familia, del Covid-19, asumimos que una variante.  Que es cierto que mucha gente lo asemeja a una especie de gripe. Sin embargo, le agregamos de una, pero bien mala, porque no deja de comprometerte tus pulmones; te mantienes con cierto deseo a estar durmiendo y con cansancio; dolor en la espalda al toser; y una fiebre alta que puede durar par de días, pero el proceso completo puede que se extienda unos cinco a siete días para terminar de mejorar.

Eso de que dicho virus desapareció, no corresponde a la verdad. Que es cierto, de que no hay la cantidad de muertes que se provocaban, es una realidad, y debemos dar gracias por ello.  Porque les somos sinceros, si esto, que nos atrapó a toda nuestra pequeña familia, hubiese sido, sin vacunas, y la real cepa, podemos entender, el por qué tantas personas, tuvieran o no alguna situación de salud comprometedora previa, moría ante el Covid-19, porque si esto que es una variante, te crea los efectos que hemos sentido, es más que comprensible, el infierno que vivieron quienes lo padecieron y pudieron sobrevivir o aquellos que no tuvieron tal dicha. Y aclaramos, que quien escribe, nos consideramos saludables, que practicamos varias disciplina de deportes y somos activos, y que ya teníamos en nuestra haber, tres vacunas, y a pesar de todo eso, lo sentimos.

Cada vez que pasamos procesos de alguna índole que compromete nuestra estabilidad emocional o física, o la de cualquier familiar o ser querido, y tenemos que guardar cama o ser parte de un proceso quirúrgico o de tratamiento a través de medicinas, valoramos mucho más la vida, y el vivir en buena salud.  Bien decían los griegos, que: el “cuerpo es como un templo” y que: “mente sana, en cuerpo sano”; a veces lo escuchamos como un estribillo sin analizarlo por un momento.  Y qué tanta verdad, podemos colegir, que de una mente enferma, poco podemos encontrar un cuerpo saludable.

Y quien no cuida lo que posee, no desde el punto de vista de la belleza, sino de que todo cuanto consume, ya sea en alimento, como en lo que entra a su cabeza, de alguna manera, influirá en lo que responderá su cuerpo.  Es por todo esto, la importancia, de lo que sentimos, pensamos y llevamos a cabo como seres humanos. 

Que podamos tener, una gran defensa, pero no solamente, para la salud física, sino la que debemos conjugar con lo que somos desde nuestro interior.  Ser más íntegros y más acorde a lo que decimos.

Esta pandemia vino, más a que a brindar temor, a mostrarnos a cada uno por individual y luego en forma colectiva, en qué debíamos mejorar; despertar de nuestra conciencia; en nuestra manera de ver la vida y actuar.  Pero, hay una gran parte que al parecer, la sabiduría de todo cuanto hemos vivido, la dejo escapar sin aprovechar, todo el tesoro, en medio de tanta calamidad; impotencia; sufrimiento; carencia; y crisis; que el mundo tuvo que padecer. Sin entrar en detalles, lo mucho que nos falta de un sistema de salud que requiere mayor apoyo para la ciudadanía a nivel de lo que cubre y costo económico y sacrificio para las familias dominicanas.  Son temas pendientes que debemos exigir revisión y pensar en la colectividad lo que está recibiendo, fuera del cliché: “eso no lo cubre su seguro”.

Ojala que cada quien, sino tuvo su encuentro con el Covid-19, haya podido, mirando las experiencias ajenas, asimilar el aprendizaje y aplicarlo para su riqueza personal, que al fin y al cabo, se resume en: sabiduría.

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