Monseñor Enmanuele Clarizio. Conciliador eficaz en nuestras desavenencias patrias.  

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Octava parte

 

Una de las razones que pueden, entre otras, explicar la campaña de descrédito orquestada por el Gobierno de Reconstrucción Nacional contra Monseñor Clarizio y del cual Brugal Alfau era responsable de Prensa, es el hecho del decidido papel que este asumiera para pedir a las autoridades el esclarecimiento de la muerte horrenda del joven sacerdote James Arthur Mackinnon (El Padre Arturo, para unos; el Padre Jose, para otros), de la Congregación de los Padres Scarboros, ocurrida en Monte Plata.

El Padre José fue ultimado a balazos el 22 de junio de 1965, lo mismo que resultaron muertos sus asesinos, el Teniente de la Policía Nacional Evangelista Martínez Rodríguez y el raso del mismo cuerpo Ramón Restituyo Santiago.

La crueldad horrible con que se perpetró su asesinato, en condiciones confusas, bajo el falso alegato de que protegía a jóvenes comunistas, resultó evidenciada en el detallado informe criminológico preparado, a instancias de la Organización de Estados Americanos (OEA), por los expertos forenses Daniel Schweitzer, de Chile, Alfonso Quiroz, de México y Jorge Avendaño, de Perú.

Otro documento al que en su día hizo referencia el Gobierno de Reconstrucción Nacional, a través de Alfau Brugal, prosiguiendo su ataque contra Clarizio, es que a finales de mayo le fuera entregado por un grupo de damas prestantes de Santo Domingo, mediante el cual expresaban su protesta formal por las declaraciones oficiales que el 22 de mayo de 1965 habían emitido los obispos dominicanos y en el cual mostraban su respaldo a los esfuerzos diplomáticos que en el momento se llevaban a cabo con el propósito de pactar la creación de un gobierno de transición.

A los ya duros enjuiciamientos de Alfau Brugal contra la actuación de Clarizio, cabe adicionar los que, posteriormente, emitiera, en el mismo tenor, el periodista y escritor Bonaparte Gautreaux Piñeyro, uno de los principales actores y testigos de los acontecimientos de abril, dada su condición de asistente personal del Coronel Caamaño.

Los mismos fueron consignados en sus memorias tituladas “Guerra patria 1965”, publicadas en el año 2009.

Entre los reparos del referido autor y testigo a la labor mediadora de Clarizio, destacan los siguientes, a saber:

1.-Juzga su actuación en la crisis parcializada a favor de los intereses norteamericanos y del sector de San Isidro. Pág. 123

Considera como una prueba de la afirmación anterior el hecho de que los norteamericanos, a través de la OEA, contactaran a Clarizio para liderar la negociación conducente al cese al fuego, el cual se logra, como ya se ha expresado, el 30 de abril de 1965, dos días después de consumada la intervención militar.

En este punto, un reparo que cabría hacer a las ponderaciones de Gautreaux Piñeyro, es el hecho de que, conforme lo establecen los procedimientos de solución de controversias, un mediador nunca impone. Podría llegar a proponer un determinado curso de acción, pero sólo como posible hoja de ruta. Sin el acuerdo de las partes contendientes, y la legitimación de las mismas, la labor del mediador carece de sentido.

2.- Considera que ante el vacío político existente en el país, Caamaño autorizó al Arq. Leopoldo Espaillat Nanita junto a los dirigentes reformistas Manuel Rodríguez Jiménez y Leopoldo Pérez Sánchez para que, en una ambulancia que había facilitado el Hospital Padre Billini, se trasladaran hasta la Embajada de Colombia, donde Molina Ureña se encontraba asilado, para trasladarle hasta la zona constitucionalista. Cuando iban de camino, Molina les pidió que antes de llegar a la zona constitucionalista, tenía interés en conversar con el Nuncio Clarizio.

Sobre este punto, y su debida aclaración y contextualización, versará la próxima entrega.

 

 

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