Monseñor Enmanuele Clarizio Conciliador eficaz en nuestras desavenencias patrias

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SEXta parte

 

Aunque logrado el cese al fuego, alcanzado, en gran medida, gracias a sus oportunas y perseverantes diligencias diplomáticas ante los bandos contendientes, aún esperaban a Monseñor Clarizio muchos amargos momentos durante su misión media­dora.

Apenas nueve días después de firmado el cese al fuego, comenzaron a recrudecerse las tensiones, a tal punto que el Papa Pablo VI, informado debidamente por Clarizio de cómo se iba deteriorando el clima de paz, envió un telegrama urgente en el que expresaba:

“Hemos seguido con ansiosa solicitud acontecimientos en curso en esa República complaciéndonos vivamente al recibir primeras alentadoras noticias y preocupándonos incertidumbres de las nuevas que nos llegan ahora. En este delicado momento sentimos el grave deber de renovar desde lo más profundo de nuestro ánimo a los queridos hijos de la noble nación dominicana un ur­gente llamado a buscar con voluntad decidida todos los medios para res­taurar la unidad, la concordia y la colaboración interior a fin que el orden, la paz y el fraterno acuerdo vuelvan a inspirar una fecunda convivencia.”

“Elevamos, por tanto, fervientes súplicas, pidiendo al Altísimo, por intercesión de Nuestra Señora de la Altagracia, ilumine a los responsa­bles a proseguir generosos y leales esfuerzos por camino de pacifica­ción, mueva voluntades para superar barreras que separan, fomenten vínculos de mutua caridad, y puedan  comprender que solamente con la paz llegará el  bienestar a que todos aspiran”.

“Al expresar estos nuestros paternos sentimientos, enviamos a todos nuestra particular bendición apostó­lica prenda de favores divinos”.

El mensaje papal fue transmitido por la Nunciatura a todas las partes en conflicto y a las institucio­nes involucradas en la búsqueda de su solución pacífica.

Infructuosas resultaron las gestiones del Nuncio Clarizio para concertar una entrevista entre el General Imbert Ba­rreras, ya en su condición de Presidente de facto del Go­bierno de Reconstrucción Na­cional, instalado el 7 de mayo de 1965 y el Coronel Caamaño, en su condición de Presidente legítimo del Gobierno Constitucionalista. Imbert le había solicitado mediar en la misma, pero el bando constitucio­nalista juzgaba con razón que la Junta de Reconstrucción Nacional que Imbert presidía carecía de toda legitimidad al no ser la expresión de la voluntad popular.

Al propio tiempo que proseguía en sus esfuerzos de mediación, des­plegaba muchas acciones caritativas a favor de los presos, los heridos y los indigentes que reclamaban su concurso, especialmente a través de Cáritas Internacional.

Culminadas las negociaciones que pusieron fin al conflicto bélico y la instauración del gobierno interino de García Godoy, se inició, o cabría mejor decir, prosiguió contra Mon­señor Clarizio una campaña de in­misericorde asedio, proveniente de sectores que, injustamente, juzgaron su misión inclinada hacia uno u otro bando. Prueba de ello son las expresiones del periodista Ramón Alberto Ferreras en su obra “Guerra Patria de Abril”, cuando afirmaba:

“…un Señor de apellido Clarizio, pero que al parecer no está muy claro en cuanto a quien tiene la razón y quien no en Santo Domingo, se había desgañitado invitando a “los rebeldes” a deponer sus armas, a no luchar más, a no derramar más sangre. Jamás dijo este Señor media pa­labra de los genocidios de la gente de Elías Wessin, Pedro Bartolomé Benoit, Pimpo de los Santos Cés­pedes y los demás”.

“Este italiano de delicadas mane­ras y fino bendecir, se había comportado como un tunante más y los re­dactores yanquis de noticias y comentarios, para embobar a sus clientes de Yanquilandia, le habían agradecido mil y una vez la “gran aportación” que hiciera a los fines de los gringos en este desgraciado y ensangrentado país”.

“El primer gobierno serio y de­cente que en tiempos de paz tenga esta República, debía, como una de sus primeras y más saludables medidas, declarar no grato, con carácter irrevocable, a este sinvergüenza con sotana”

Así premiaba con el látigo impe­nitente de su pluma uno de los principales periodistas del bando constitucionalista los esfuerzos de Clarizio.

 

Continuará