MONS. AGRIPINO NUÑEZ COLLADO Y LA FALTA DE INSTITUCIONALIDAD DE LA SOCIEDAD DOMINICANA

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Un mes antes de su muerte, Mons. Agripino Núñez Collado me hizo llegar los dos tomos de sus memorias, de mano de su siempre fiel servidor el amigo José Ramón Pérez. Es un gesto que agradecí mucho, ya que en los últimos tiempos me ha dado por leer biografías y memorias de personajes de la historia y del país, y lo de Mons. Agripino no era para menos, por el rol que había desarrollado a lo largo de su vida como sacerdote, rector de la PUCMM y sobre todo como mediador y árbitro en muchos conflictos, que de no ser por él y su disposición se hubiera dado al traste la paz y la tranquilidad nacional.

En la misa de su funeral, Mons. Freddy Bretón, Arzobispo de Santiago de los Caballeros, destacaba el papel que Mons. Agripino había desempeñado, en nombre de la Iglesia, como mediador y propiciador de diálogo en bastantes conflictos nacionales. De igual forma los medios bien intencionados así lo habían hecho.

 Mons. Bretón acotaba, que todo eso se dio debido a la poca desarrollada institucionalidad del país. Leyendo las memorias de Mons. Agripino uno palpa enseguida tal falta en el país, sobre todo cuando habla de sus intervenciones en esas situaciones lacerantes en que se había envuelto el país, sobre todo en los procesos electorales.

Mons. Agripino deja ver claramente que sus intervenciones fueron hechas por tres razones: una, la petición que se le pedía a la  Iglesia y ella mandaba que le representase. 

La otra, su amor al país, y la tercera, la falta de institucionalidad, como bien subrayó el Arzobispo de Santiago.

Es triste constatar cómo el liderazgo político y los gobiernos de turnos de esos tiempos nunca lograron atinar a crear y hacer visible esa institucionalidad que es tan necesaria para el verdadero desarrollo de un pueblo.

Recuerdo que una vez en España, un honorable y querido sacerdote me decía que en el país hacía falta cierta autoridad, a lo que le decía, que autoridad no, sino institucionalidad. Siempre hemos confundido las cosas. Es un mal que nos dejó la fatídica dictadura de Trujillo, y otros antecedentes desde la colonia que ahora no vienen al caso, pero sí hemos adolecido de ello a lo largo de la historia, y gracias a que hay en el país instituciones como nuestra Iglesia, donde sí se da esa institucionalidad tan querida, está Ha ayudado, como bien dice el Concilio Vaticano II, en su constitución Gaudium et Spet, que de una manera subsidiaria la Iglesia ayuda en esos menesteres que no le son propios y dedica o pide a uno de sus miembros que ayude en esta tarea, a través de Mons. Agripino y la institución  eclesiástica que él presidía.

A Mons. Agripino se le dieron muchos reconocimientos en vida e imagino que se le seguirán dando después de su muerte, pero como también decía Mons. Bretón, y me asocio a ese parecer, el mejor reconocimiento es procurar, hacer respetar y luchar cada vez más por la institucionalidad de los estamentos de Estados y de gobierno de la nación. 

Mons. Agripino cumplió su misión histórica para la Iglesia y el país. No hay la necesidad ya de más mediadores, lo que necesitamos es ser conscientes del respeto a las reglas del juego, que son las leyes y disposiciones, para el desenvolvimiento de la vida nacional. Que se crezca en dicha conciencia, que los líderes nacionales de hoy no se sientan herederos de viejos liderazgos, que hicieron caso omiso a esta necesidad, sino que tengan en cuenta la necesidad de esa institucionalidad nuestra, y que como ya dijimos, sea el mayor reconocimiento a Mons. Agripino Núñez Collado que dio mucho por esta patria.