“Misionero” (Foucauld el hermano universal)

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El próximo martes comienza octubre: “OCTUBRE MISIONERO”. El domingo 20 será la Jornada Misionera Mundial, o DOMUND. Nos recuerda nuestro compromiso en la Misión universal de la Iglesia. Misión – Misionero ya es un lenguaje común en la pastoral de nuestra Iglesia. Pero nos referimos más a la misión local: parroquial, diocesana. Y es verdadera misión. Pero no nos quedamos ahí. La misión de la Iglesia es hasta los últimos confines del mundo, es decir, la Misión Universal.

Esta es la misión que nos recuerda octubre: “Vayan a todo el mundo”. “Sueño con una Iglesia Misionera”, nos dijo el Papa en 2013 y ahora nos convoca para “Un mes Misionero Extraordinario” con abundante material. Titula su mensaje para el DOMUND: “Bautizados y enviados”.

En la República Dominicana estamos realizando la “Misión bíblica Católica” despertando mucho dinamismo y vida. Vivamos con fe este paso del Espíritu. Frente a tanta violencia y muerte, pongamos señales de vida y esperanza. Sólo Jesús tiene palabras de vida eterna.

En el material enviado por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos para este mes hay una sección dedicada a los testigos de la misión universal. Son veinticinco.

Quiero presentar el veintiséis: Carlos de Foucauld. Verdadero y auténtico misionero. Se le conoce más por la oración del abandono, por sus largas horas de oración de día y de noche ante la Eucaristía, por su vida solitaria en el desierto en general, por vivir pobre como los pobres entre los más pobres y para los pobres, por ser el hermano de todos y también por sus aportes científicos. Se ha conocido menos por su compromiso evangelizador. La vida personal espiritual de Carlos y su enseñanza es totalmente evangelizadora.

Carlos se ordena sacerdote para ir a los más pobres y abandonados. A las ovejas descarriadas. Abandona Francia a los tres meses de su ordenación. Se dirige a África, a Argelia. Su meta es Marruecos donde en aquella época no había un solo sacerdote. Por eso, se sitúa cerca de la frontera Argelia – Marruecos para preparar su entrada. Nunca será posible. Conoce en el sur de Argelia las tribus de los Tuareg, los más pobres, de religión musulmana.

Y se sitúa entre ellos. Quiere hacer presente a Jesús y la Iglesia. Solo. Él es el único cristiano en aquella realidad. Vive solo. Único sacerdote en un radio de cuatrocientos kilómetros.

En Carlos ser apóstol es algo que se encuentra en el mismo corazón de su vida mística.

Se repetía a sí mismo: “Tu vocación será siempre predicar el Evangelio en silencio, en una vida oculta como la de María y José”. Su modelo de evangelizador es la visitación: María lleva a Jesús dentro a la persona necesitada: Isabel.

Respondiendo al prefecto apostólico del Sahara, le dice: “Para anunciar el evangelio estoy dispuesto a ir a los confines del mundo y vivir hasta el juicio final”. Se retrata de cuerpo entero.

Pero el método evangelizador de Carlos es gritar el Evangelio con la vida: con la amistad, la fraternidad, la bondad, las señales del Evangelio acogiendo y sirviendo a los necesitados.

Celebrando diariamente la Santa Misa, poniendo a Jesús presente en medio del desierto en la Eucaristía, adorándolo día y noche, Jesús irradiará su gracia en los no creyentes, es El quien da la gracia de la fe y la conversión.

Carlos de Foucauld no es un misionero tradicional, no rechaza este método, es un nuevo soplo del Espíritu. Es un nuevo camino. Jesús fue evangelizador desde la Encarnación hasta la cruz. La mayor parte de su tiempo no predicó. Pero gritó la Buena Nueva de la Salvación con su vida.

Ve que su vocación no es predicar, sino testimoniar a Jesús con la bondad, la amistad, la fraternidad, el servicio, la acogida.

Uniendo estos valores a la predicación seremos mejores instrumentos para la misión.