Misión

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Misión

 

Con frecuencia repito que la vida es la búsqueda de soluciones, porque las dificultades, limitacio­nes, diferencias y contrariedades nos inquietan a diario y lo importante no es quedarnos de brazos cruzados llorando, reclamando o acusando, sino resolver. Es cierto que las soluciones que adoptamos no siempre son las más eficaces. Ni las definitivas. Tampoco son siempre las más aceptadas, reco­nocidas o esperadas. Sin embargo, son alternativas a las que nos en­caminan nuestra visión, análisis y recursos.

En tal sentido y muy relacionado con lo expresado, está el valor “misión” y su aterrizado lema “Los llamó para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14,) propuestos para este octubre. ¿Por qué la relación que establecemos? Porque la persona humana vive en misión, en bús­queda de alternativas solutivas, de solución de situaciones y de pro­puestas a futuro. Evidentemente que la misión pastoral propuesta por el Itinerario de Evangelización va más allá de esa búsqueda, ya que supone servicio a los demás, testimonio de vida en palabras y hechos como testigos del mensaje evangélico, como seguidores de Jesús, a quien conocemos, ama­mos, anunciamos y transparentamos.

De ahí que octubre siempre se ha llamado el mes de las misiones; de salir hacia fuera de nosotros mismos y de nuestros límites hu­manos, familiares y comunitarios. Salir fuera de nuestra zona de confort y cierta seguridad. La pande­mia no nos permitirá la realización de las actividades recomendadas, pero quizás se pueda hacer algo parecido a lo interno de nuestras familias o de la experiencia parroquial con el debido distancia­miento. O a nivel de los diferentes me­dios de comunicación mediante los cuales realizamos reuniones, eucaristías y rezos diferentes.

Que la lectura y reflexión con Aparecida, del #144 al #148, nos posibilite tener la experiencia con Jesucristo en la misión y motive otras alternativas y oportunidades. De hecho, que nuestra oración mantenga firme y constante la pe­tición de vivir misionando en cada minuto de nuestras vidas, con adecuados gestos, miradas, tonos, ademanes, palabras. En fin, tratemos de ser siempre agradables con los demás y estaremos atrayéndolos hacia Jesús, y, por tanto, misionando siempre. ¡Que así sea!