Luis y María Infante 56 años de vida matrimonial fieles al Señor

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Palabras de don Luis Infante:

 

Dios, desde siempre, ha tenido un plan con nuestras vidas. Yo in­gresé a los caminos del Señor de la mano de mi querida esposa María. En el año 1973 fui instituido como presidente de asamblea, ­ministro de la Eucaris­tía. Desde esa fecha he renovado 42 veces ese ministerio.

María es catequista y servidora para todos los proyectos que Dios pone en nuestras manos.

Todo nuestro camino de servicio juntos se inició en el año 1976, en la parroquia San José de la Montaña, Santiago. Durante ese tiempo tuve la maravillosa oportunidad de rea­lizar el Cursillo de Cristiandad, lo cual im­pactó mi vida y nuestro ma­trimo­nio. Luego nos fuimos a vivir a Santo Do­mingo. Residiendo por tres años en Santa Ana, del sector Gualey.

Después segui­mos sirviendo en la parroquia Nues­tra Señora del Rosa­rio, en Villa Duarte, San Ramón No­nato, en Los Mameyes y San Felipe Nery, en La Isabelita, donde perma­necimos por doce años.

Más adelante pasamos a la pa­rro­quia San Maximiliano Kolbe, en la capilla San Buenaventura, en Las Américas, Los Frailes, donde estuvimos durante 12 años más. Servi­mos realizando proyectos para la comunidad y también llevando el kerigma casa por casa.

Durante ese período fuimos ele­gidos como encargados del Movi­miento Familiar Cristiano (MFC), para toda la parte Este de Santo Do­mingo. Para gloria de Dios, logra­mos que 1,072 parejas recibieran el sacramento del Matrimonio.

De ahí pasamos a vivir en San­tiago, pensando quizás que ya esta­ríamos de retirada. Sin embargo, el Señor tenía otros planes para noso­tros. Así que, motivados por el padre Domingo Collado, iniciamos a servir en la capilla San Rafael Arcángel, en la comunidad de Los Tocones, perte­neciente a la parroquia San Felipe Apóstol, de La Delgada. Ahí hemos logrado gran­des bendiciones, tanto en la estructura física del templo, co­mo también ayudamos a que cientos de personas hayan realizado su pri­mera comunión y recibido su Con­fir­mación. Decenas de familias bendecidas con el sacramento del Matri­mo­nio, y otros proyectos más que Dios ha querido que impulsemos.

Hechas las cinco etapas de catequesis que ambos realizamos, reci­bi­mos de Mons. Ramón Be­nito de La Rosa y Carpio, poder bautizar a tantos fieles que así lo solicitan y de lograr tantos planes del Señor.

En esta etapa de nuestras vidas, con las vicisitudes propias de la edad, seguimos sirviendo y orando al Señor, recibiendo cada día muestras del amor infinito de Dios. Mo­tivando a todas las familias a poner a Cristo como centro de su familia, de su matrimonio. Eso lo define todo para siempre.

Cada mañana pedimos al Señor que no nos fijemos en lo mu­cho que hemos caminado, ni en los zapatos desgastados, sino en las huellas que dejamos. Solo nos queda decir: He­mos sido discípulos misioneros, fieles al Señor. Hemos hecho lo que tenía­mos que hacer.