LOS TEMPLOS ESTÁN CERRADO PERO LA IGLESIA SIGUE ABIERTA

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Desde que inicio la pandemia entre nosotros, una de las primeras medidas fue el cierre de nuestros templos, me parece que el gobierno no tuvo que ordenarlo, sino que nuestros pastores sabiamente mandaron a que se ejecutase dicho cierre, debido a que nuestros encuentros comunitarios conllevan necesariamente cierta aglomeración, que en estos momentos resultan perjudicial. Para muchos era que la Iglesia se había cerrado.

 

La Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II se define como Pueblo de Dios y cuerpo de Cristo, y aunque al lugar donde nos reunimos se le llama canónicamente Iglesia, en realidad es el templo, lugar material, construcción para la realización del culto o actividades, es decir, en realidad lo que se ha pedido es que se cierre el templo, pero la Iglesia en sí, sigue abierta, sigue su accionar en medio de nosotros. Cada uno es Iglesia, y donde esta un miembro del pueblo de Dios, un miembro del cuerpo de Cristo ahí está la Iglesia.

 

Con el confinamiento y la cuarentena se ha hecho patente una Iglesia de la cual se había hablado bastante, pero no conocíamos en verdad su fuerza e impacto, y es la Iglesia doméstica, que se da en la realidad familiar; ayudados por los medios de comunicación y las redes sociales, esta Iglesia ha sido una de las más ricas en estos tiempos, pues por medio de la devoción familiar con el rosario, lectio divina,  momentos de oración, novenas,etc., ha ido haciéndose presente en el tedio del hogar y en la vida familiar.

 

También debido a la necesidad que han presentado sectores vulnerables de nuestra sociedad para su sostenimiento alimenticio, mediante las acciones solidarias de CARITAS junto a la Pastoral Social, han desplegado una labor admirable como Iglesia, llevando a las mismas puertas de estos hermanos nuestro el pan necesario para estos días de poca productividad económica, preocupándose por la salud, con las boticas populares abiertas, y el sostenimiento de cada uno, en nombre del Señor que nos pide ejercicio de la caridad a los miembros de la Iglesia.

 

En estos tiempos de las redes sociales y la importancia de los medios de comunicación especializado, las eucaristías no han faltado, a través del fasebook, you tuve, los canales de televisión y estaciones de radios, junto a otros programas de orientación, guía, formación y entretenimiento sano para nuestra gente en nombre de la Iglesia como auspiciadoras de los mismos. También las publicaciones periódicas que se hacen de carácter informativo, nos siguen llegando de manera digital.

 

Y que decir, de aquellos que en nombre de su fe cuidan a los infectados, esos que van más allá de su profesionalidad en el campo de la salud y en nombre del Señor y como parte de la Iglesia han sido sostén y cuidado de muchos de ellos en los hospitales y en sus casas; otros que cuidan a los más ancianos en los hospicios, niños en los orfelinatos, auxilian a los inmigrantes, o trabajan en cualquier obra de solidaridad y de ayuda, las cuales han seguido su quehacer con la fuerza del Espíritu.

 

Todos ellos son testimonio de una Iglesia que no ha cerrado su puerta ante la pandemia, sino que sigue abierta dando lo que le es propio en nombre de Jesús, como piedras vivas de la Iglesia que son, pues la Iglesia es más que el templo, los mismos están cerrado, no sabemos cuándo serán abierto, pero mientras tanto la Iglesia continúa su tarea en medio de nosotros, sigue abierta y seguirá en el trabajo y testimonio de cada uno de sus miembros, donde quiera que estén y realizando su labor en nombre de su Dios y Señor.