Los Rotarios Gente de buena voluntad

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Los últimos Papas, en los documentos donde han tratado asuntos de índole social, han destinado sus escritos no solo a los fieles de la Iglesia, sino también a los hombres de buena voluntad, es decir, a personas e instituciones que aunque no practican la fe en el Dios de Jesu­cristo, sin embargo, son agentes que trabajan por el bien y la bondad, que es lo mismo que hacer realidad el proyecto de bien y de bondad de Dios en el mundo.

Entre esas instituciones de buena voluntad encontramos los Clubes Rotarios, fundados desde 1905, en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, por Paul Harris, llamados así porque sus reuniones rotaban de una casa a otra, con la finalidad de fomentar amistad, pero también el servicio a la comunidad; luego esta iniciativa se extendió por todo Estados Uni­dos, hasta llegar al mundo entero, y así a nuestra isla, en el 1943, y de ahí se han extendido por todo el país, llevando su labor altruista por todos los lugares donde hoy se en­cuentran.

Los Rotarios han contribuido, a lo largo y ancho del mundo, con las causas más noble que tienen que ver con el cuidado del ser humano, sobre todo en el campo de la salud. Son célebres entre nosotros sus ope­ra­tivos médicos y jornadas de ayu­da, pero sobre todo en los últimos tiempos, con su cooperación y cola­boración a la erradicación de la po­liomielitis en el mundo, empresa ante la cual el éxito final se acerca.

Como entidad grupal tienen sus estructuras propias, su mística y sus re­glamentaciones, que no son tan elitistas como algunos puedan mal­pensar. El ideal rotario es el de ser­vir, contribuir al bien de la humani­dad, entre ellos hay no creyentes y creyentes, practicantes de la fe de uno o diverso credo, pero todos uni­dos por ese ideal de llevar el bien a todo aquel que lo necesite, pues esa es la ley propia inscrita en el hombre por el Creador: hacer que prevalezca el bien, que todo se haga por el bien de la humanidad y que ese sea el fomento principal de nuestra vida.

Hay diversas modalidades de agrupación, como la que recientemente se ha constituido aquí en San­tiago, que es un club de pareja rota­rias. Hombres y mujeres unidos por el vínculo del matrimonio, pero también por el deseo de contribuir al bienestar de nuestro pueblo, algunos son gente que participa en la Iglesia, pero que quiere dar más, pues el mismo Señor lo ha dicho en los evangelios que “al que se le dio más se le dará más”, pues el que está convencido de que la vocación principal es hacer el bien, buscará más ocasiones donde pueda hacer presente dicho bien, y muchos de los socios activos de este club Rotario, eso es lo que desean, pues son gente que se toma muy en serio su quehacer, ya que pertenecer a un club Rotario no es entrar a un club social de fiestas, juegos y celebraciones, sino a un grupo social que busca y desea hacer presente el bien a través de acciones nobles que ayuden al desarrollo y al bienestar de la comunidad.

Una vez un socio honorario de los Rotarios tuvo el deseo de fundar en su país un Club Rotario compuesto por parejas, pero tal parece que no lo logró, sin embargo, aquí lo hemos hecho y esperamos que esta agrupación se siga fortaleciendo con la ayuda de Dios y la madurez de sus socios, como de seguro anheló en sus días aquel socio honorario, que hoy día es el socio honorario más emblemático de los clubes rotarios, pues es nuestro Papa Francisco.