Los laicos católicos

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Iniciamos una serie de publicaciones en el periódico Camino. Esperamos que los lectores reciban estos artículos, y que les ayude en sus acciones en el mundo social.

El término de laico tiene dos lecturas; una se relaciona con la sepa­ración del Estado y la Iglesia, de personas o grupos que son anticlericales, y otra es sobre las actividades de católicos bautizados que no tie­nen una vida consagrada a la reli­gión.

En el caso dominicano el Estado es laico. Sin em­bargo, existe un Concordato entre la Iglesia y el Es­tado, que establece algunas normas sobre las relaciones de Estado e Iglesia.

Este supone que el laico, pese a no ser clérigo, tiene que ejercer la evangelización y desarrollar sus ta­reas cotidianas de acuerdo a los preceptos de Jesucristo.

Jesucristo fue bautizado.  Fue un maestro que trabajó en equipo con sus discípulos.

Generalmente, el término laico se emplea para de­signar a aquel fiel de la Iglesia que no es miembro del clero, o sea, el laico es un cristiano que ejerce su mi­sión religiosa en todos los ambientes de la sociedad.  Está bautizado, pero no ha recibido el sacramento del Orden Sacerdotal. No es parte de una congregación re­ligiosa.

El papa Francisco aseguró, el 6 de junio de 2018, que en la Iglesia católica “no hay patrones y obreros” y que todos tienen que estar involucrados por igual.

“La Iglesia somos todos: no hay patrones y obre­ros”, exclamó Fran­cisco que prosiguió afirmando que la misión de la Iglesia en el mundo procede a través del aporte de todos los que forman parte. Algunos piensan que en la Iglesia hay amos, es decir los obispos, el Papa, los sacerdotes… y luego obreros, que son los demás, esto no es así, porque la Iglesia somos todos”.

“Todos tenemos la responsabilidad de santificarnos los unos a los otros, de cuidar de los demás”, explicó.

Hoy día los laicos católicos de­ben estar involucrados en los me­dios de comunicación, especialmente en esta época de la pandemia del coronavirus. También estar estudiando, analizando y en la acción diaria de la vida cotidiana, que re­clama una presencia activa y eficaz en el mundo social.