Los fariseos

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El juicio de Jesús sobre ellos es fuerte

De los grupos religiosos judíos que había en tiempos de Jesús, el que ha pasado a la historia con más mala fama ha sido el de los fariseos, a tal pun­to que cuando una persona es falsa, hipócrita y traicionera se le tilda de “farisea”, por ello se vuelve interesante conocer quiénes eran en sí y cómo fue su devenir en la historia de Israel.

Su nombre viene del Hebreo y significa los “separados”, porque su observancia tan estrecha de la Ley judía, le llevó a una separación ­radical de la gente, a quienes consi­deraban impuros e ignorantes. Tenían mucha influencia y autoridad sobre el pueblo. Eran rigoristas con el An­tiguo Testamento, sobre todo con las interpretaciones y comentarios que hacían los escri­bas. Se sentían responsables de mantener la pureza del pueblo. De ahí que abogaran por una pureza ­ritual diaria.

Su origen debe enmarcarse en el grupo de los “asideos” (del Hebreo hasidim: los devotos) mencionados en el libro de I Macabeos 2,42 y 7,13. Algunos sostienen que antes de la intervención romana del año 63 a.C., eran muy violentos. Otros, muy activos en la política. Después de esos devinieron en ser asiduos estudiosos de la Ley judía. Herodes El Grande controló su participación en el ámbito social, reprimió cual­quier discrepancia suya, ajustició a algu­nos de sus líderes. En resumen después de la entrada de los roma­nos, el grupo se renovó, instaurando una nueva forma de judaísmo y auto­determinándose “maestros” (rabbí). Comenzó en ellos un proceso más complejo, ya que se forma­ron escuelas con discípulos de va­riadas tendencias, unas más tradicionalistas y otras más abiertas, en cuanto a la interpretación de la Ley.

Los fariseos se oponían a la aristocracia sacerdotal. Algunos estudio­sos los consideran como de la clase obrera de entonces. Tenían autoridad en el pueblo y eran como guías espi­rituales, con la llegada romana. Co­mo vimos, sus aspiraciones políticas se tornaron religio­sas. Tenían en sí opiniones mode­radas, pero mante­nían el ideal de la llegada del reino de Dios. Tenían el criterio particular del que la tradición de los padres obligaba incluso por encima de la ley, además de sus diferencias doctrinales y litúrgicas con otros grupos del momento, tales como los saduceos. La mayoría de escribas y doctores de la ley, perte­necían a su gru­po, por eso a veces los vemos unidos en los evangelios.

El juicio de Jesús sobre ellos es fuerte, ahora bien, no sobre su doc­trina, sino sobre su mentalidad o espíritu, y su conducta (Mt 23).

Desde un principio, entre Jesús y ellos se destaca una oposición irre­conciliable. Ellos piden señales a Jesús de su mesianismo, ya que ellos, conocedores y estudiosos de la ley judía, esperaban un mesías legal que cumpliera e hiciera cum­plir la ley, y Jesús actuaba por encima de dicha ley.

Pero en sí los fariseos tenían un serio carácter religioso digno de ad­miración, ellos son los responsables en mantener la custodia de la reve­la­ción del Antiguo Testamento para el pueblo judío, tras la destrucción de Jerusalén en el año 65 d.C. Ellos mantienen vivo el judaísmo y el culto a Dios. El problema en ellos, y el pobre juicio que se tiene sobre su grupo, radica en sus principios unilaterales y exagerados por la ley y la pureza ritual; su actitud exclusivamente jurídica, junto a un formalismo, al parecer un tanto hipó­crita por un lado, petrificaron la vitalidad religiosa, lo que hizo que no solo Jesús hablara de manera negativa sobre ellos, sino también otros testigos de la historia.