Lo contrario del infierno

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“-¿Quién es la mu­chacha que canta?”, preguntó uno de los asistentes a la persona que estaba a su lado en una boda.

-“La novia”, respon­dió éste.

-“¡Cómo va a ser! ¿No ves a la novia desfilando…?”

-“Pues ella misma es la que tú oyes cantando”, insistió el otro sonriendo.

Este último tenía ra­zón. Es la única boda que he visto en la que se oye la voz de la novia cantando el Ave María al momento de la ceremonia. Aquella bellísima muchacha tenía una voz preciosa, por lo que, previo a su ma­trimonio, grabó el Ave María de Gou­nod, y al momento del acto pusieron la grabación, y un organista de la Iglesia tocó el acompañamiento.

Todo esto sucedió hace exactamente 68 años, el 7 de Octubre de 1950, pero lo recuerdo muy bien. También yo estaba allí. Yo era el novio.

¿Fueron aquellos jóvenes “felices para siempre” después de casarse? ¿Fue su vida matrimonial una situación de dicha permanente, como ellos pensaban, sin problemas de ningún tipo?

No sé si existirá un caso tan ideal, pero ese no fue, ciertamente, el de nues­tro matrimonio. Llegaron períodos difíciles, tanto así, que parecía que todo aquel esperanzador proyecto de felicidad iba a terminar fracasando.

Pero una frase luminosa surgió en­tonces. Está precisamente en el Evan­gelio de hoy.  Es la que dice: “LO QUE DIOS HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE”.

Esto es lo que ha declarado clara y tajantemente el Señor. Pero, ¿es posible cum­plirlo?

Nuestra humilde experiencia dice que SI, que es posible. Que si le damos entrada a la ayuda de Dios, todo cambia y cambia para bien.

Hoy podemos de­cir que gracias a Él pudimos salvar nues­tro proyecto de vida, que Él estuvo allí muy, muy presente cuando lo necesitamos, y que hemos descubierto y comprobado que todo lo que Él nos dijo que hicié­ramos era para nuestro bien.

¿Sabe usted la definición de “infierno”? Recientemente leí una muy buena.  Dice así: “Si existiera una situación tal de soledad, que ya no pudiera ser penetrada ni transformada por la palabra de otro… eso sería una soledad real, total y espantosa. Es lo que la teología llama infierno.” Benedicto XVI.

Es por eso que un matrimonio donde ambos cónyuges se han hecho amigos, es lo contrario del infierno.

Hace muchos años ya que con la ayu­da de Dios nos hicimos amigos, comprendiéndonos, aceptándonos y amándonos tal como somos, pudiendo comunicarnos a nivel de sentimientos sin temor al rechazo.

Además Dios ha derramado en nues­tros corazones el Espíritu Santo, haciéndonos capaces de amarnos incondicio­nalmente sin exigir pago.

Conozco otras muchas parejas que viven lo mismo. Todas tienen a Dios en el centro de su matrimonio. Y puedo asegurarles que no conozco otra situación más lejana y contraria al infierno de la soledad que ésta.

 

ESTE ES NUESTRO TESTIMONIO

 

Pero no es un testimonio de algo que nosotros hayamos logrado con nuestro esfuerzo, sino el testimonio de lo que Dios, con su infinito amor y bondad nos ha regalado.

¡Gracias, Señor… ¡¡GRACIAS !!