Latinoamérica se moviliza

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En un encuentro de hermanos latinoamericanos en Colombia compar­tíamos la situación actual de nuestros países. Una hermana, del Perú, nos de­cía cómo allá se había disuelto el Congreso, pues la oposición lidereada por Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, desde la cárcel impedía la aprobación de leyes y pro­yectos para el bienestar del país. Otra hermana, de Chile, nos hablaba de cómo en Chile, debido a la desigualdad existente, recientes medidas de aumento del metro, la carestía de las medicinas y la falta de equidad, había producido las movilizaciones y manifestaciones que vemos en los noticiarios y periódicos nuestros; así, mencionamos también lo que pasó en el Ecuador con las protesta de los indígenas y del pue­blo. La situación de Bolivia ante el Presidente Evo Morales, que insiste en seguir en el poder.

Al finalizar el encuentro salimos temprano, pues los estudiantes de Bo­gotá tenían una fuerte concentración de protesta en el centro de la ciudad, y no bien llegados a Panamá nos encontramos con una marcha de los estu­diantes de las universidades públicas y privadas, en protesta por la falta de participación de ellos y la ciudadanía en la próxima reforma que el Gobierno panameño quiere hacerle a la Consti­tución.

Y así podríamos mencionar otros focos de movilizaciones en otras partes del Continente, como en Nicaragua, Brasil o entre nosotros, con el caso de las Primarias, la caminata de los cam­pesinos de El Seibo, con el P. Miguel Angel Gullón OP, es decir, Latino­américa de nuevo se mueve, como lo hizo en años anteriores, en las décadas de los 60 y 70, ante los regímenes dictatoriales y militares, que se dieron en­tre nosotros, con una gran cadena de abusos contra los derechos humanos y una larga lista de mártires en la lucha por la justicia y el respeto al pueblo en el continente.

En algunos casos, ciertas reivindicaciones de la época pasada todavía se siguen exigiendo, pero otras nuevas, debido al tiempo en que estamos vi­viendo y al camino que Latinoamérica ha recorrido en estos últimos años, pero tal parece que las exigencias son comunes en los diversos países, pues se exige hoy mayor respeto a la demo­cracia, apego a las leyes de la nación, cese de la tan vieja y abusiva corrupción en el continente, mayor participa­ción del pueblo y de las nuevas mino­rías en las decisiones del Estado.

También, transparencia de los go­biernos en el manejo de la cosa pública, baja en los salarios y viáticos de los congresitas y minis­tros del gobierno, cese de la impunidad vergonzosa y la independencia del ejercicio de la justicia hoy día. Mayor equidad y reparto del crecimiento eco­nómico de los ­países en los últimos años, sobre todo en inversión en el sector salud y algu­nos llegan todavía más lejos, ­pidiendo un nuevo modelo gu­berna­mental entre nosotros.

Tal parece que nuestra gente ya se ha cansado de ser un simple espectador y un perro mudo ante las decisiones de los gobiernos y el modus vivendi de nuestros funcionarios y congresistas a costa de los impuestos y el trabajo del pueblo, y quiere que las estructuras del Estado respondan más a sus necesida­des y no a las conveniencias de nues­tros políticos y partidos, y terminar con la idea y práctica de ver el ejercicio gu­bernamental como una especie de escalera para apetencias personales e intereses de grupos.

Ojalá que esta nueva primavera que tal parece se avecina, en medio de este invierno, logre todo aquello por lo que se ha luchado y se lucha hoy en nuestro continente. Que ese deseo de equidad, justicia y paz sea plasmado ya y de una buena vez entre nosotros.