La experiencia de debilidad y limitación que hemos vivido en los últimos años, y ahora la tragedia de una guerra con repercusiones globales, nos debe enseñar algo decisivo: no estamos en el mundo para sobrevivir, sino para que a todos se les permita tener una vida digna y feliz. El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices.

Así nos dice el Papa Francisco en su mensaje con motivo de la VI Jornada Mundial de los Pobres que celebramos este domingo, 13 de noviembre.

El Sucesor de Pedro continúa expresando: La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas. Es la miseria que, mientras constriñe a la condición de extrema pobreza, también afecta la dimensión espiritual que, aunque a menudo sea descuidada, no por esto no existe o no cuenta.

Escuchando estas palabras proféticas del Papa pensamos en la realidad de pobreza en que viven tantos seres humanos. Nos preocupa ver que el crecimiento económico que hemos experimentado, no se refleja como debería ser en nuestros barrios y campos. Porque todavía encontramos tantas carencias esenciales que impiden a nuestros hermanos vivir con dignidad.

Los fenómenos naturales que hemos tenido en los últimos meses, son la mejor radiografía de la marginalidad que sufren tantas familias dominicanas.

Recordemos que el Papa Francisco, nos advierte de no caer en un comportamiento asistencialista hacia los pobres, como suele suceder.

Además el asistencialismo adormece la conciencia y esclaviza.

Pensamos que una de las medidas para luchar con seriedad contra la pobreza es buscar correctivos eficientes que impidan que con los fondos del Estado se haga una piñata.

La corrupción en la administración pública,que arrastramos desde décadas, provoca el aumento de la miseria en la población, porque el dinero que debe ser empleado en la solución de los graves problemas de salud, vivienda, educación y otros sectores, se quedan en unos pocos que han hecho de la deshonestidad un estilo de vida.

Esperamos que este Mensaje del Papa Francisco, nos haga cambiar de actitud frente a los que sufren. Continuar siendo indiferentes, nos convierte en cómplices de este mal.

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