El misterio pascual es lo central de la vida cristiana, la pascua de Jesús, su paso de la muerte a la vida, el pasarnos a nosotros del pecado a la salvación. En la base de esta pascua está la pascua judía, la salida del pueblo israelí de Egipto. En la Biblia se mencionan ciertas pascuas: la salida de Egipto (Ex 12), la entrada en Canaán (Jos 5,10-12), la del rey Josías (2Rey 23,21-23; 2Cro 35,1-18), la del rey Ezequías (2Cro 30) y la del regreso del exilio (Esd 6,19-22). Hay documentos extrabíblicos provenientes de la colonia judía de Elefantina, que la mencionan. Pero los textos en sí hablan de dos fiestas: la pascua y los ázimos.

Tal parece que ambas fiestas se entremezclaron: la pascua el día 14 del primer mes del calendario religioso judío y los ázimos el 15 durante siete días. Eran fiestas familiares y del templo. El origen de la pascua estaría en el Israel nómada que apacentaba corderos, los ázimos en el Israel agrícola asentado ya en la tierra prometida. La Pascua evolucionaría hasta fundirse las dos. Son fiestas de primavera. La pascua judía se celebra hoy de varías formas, pero el esquema original descansa en una celebración familiar con panes sin levadura, verduras, unas salsas para comerlas, vino, oraciones y otros rituales, se coloca en algunos casos un hueso de pollo parecido a una herradura en el centro de la mesa para recordar el cordero pascual, usualmente en el mes de marzo o abril.

La palabra pascua etimológicamente tiene diversos derivados, incluso algunos proponen raíces egipcias como ´´golpear´´ (Yahvé pasa y golpea a los egipcios), otros señalan que puede ser ´´cojear´´, ´´saltar´´ o ejecutar una danza o baile ritual, pero en buen sentido tal parece que es ´´pasar´´, la pascua es el paso de Dios para liberar de la esclavitud a su pueblo.

Israel siempre espero una intervención decisiva de Dios de cara al futuro: la salvación definitiva, un Exodo irreversible. El enviado de Dios para esto: el Mesías, cada noche pascual se aguarda al Mesías, de ahí que en la pascua en tiempos de Jesús los romanos tratan de mantener el orden, por los movimientos políticos que se daban. Jesús celebra la pascua, como buen judío que era, pero cambia su sentido, pues no es la liberación de un pueblo sino de la humanidad, no de un mal sino de todos los males, no la esclavitud de un pueblo sino la liberación del pecado y de la muerte.

Los evangelios sinópticos describen una pascua de Jesús antes de su muerte, una comida de la nueva pascua: pan y vino (institución de la eucaristía), ahí describe su muerte como el sacrificio pascual (Mc 14,22-25; Mt 26,26-29 y Lc 22,15-20), el pasa a ser ahora el cordero que se sacrifica, que es inmolado, el evangelio de Juan así lo define y lo presenta (Jn 1,36) y Apocalipsis es el nombre que le da: el cordero degollado (Ap 5,6). Todo esto forja en nosotros una espiritualidad de la pascua, pues anualmente la celebramos: la vigilía pascual, el lucernario, el cirio pascual, y también semanalmente: la pascua dominical, el domingo, la celebración eucarística. Los textos que narran la resurrección nos ayudan a una espiritualidad pascual, muy en especial el de Lucas 24,13-34 (Los discípulos de Emaus), donde se dan elementos de dicha espiritualidad en el reconocer qué somos, dónde estamos, qué buscamos y queremos, importancia de las Sagradas Escrituras, el servicio por medio de la apertura, acogida y compartir con el otro, la oración y la eucaristía, todo en comunidad.