La juventud se va

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La juventud se va

Nuestras autopistas, carreteras, calles y hasta caminos vecinales están presenciando un funeral permanente. Son muchos los jóvenes que se van a destiempo a causa de los accidentes de tránsito. Son muchachos que están desafiando la muerte a cada instante. Las motocicletas son el medio utilizado para terminar con su existencia.

Manejar sin casco protector, andar sin luces a una velocidad espantosa, hacer piruetas en una sola rueda, y lo peor, ahora hasta chatean mientras conducen. Agréguele a esta conducta el consumo de alcohol y droga. La combinación de estos factores es mortal.

Para muchos jóvenes ya la vida perdió el valor. No tienen ideales. Vivir el momento es lo que importa. A este camino los ha conducido esta sociedad consumista. Frente a este panorama sombrío, los adultos tenemos una gran responsabilidad, y es no continuar indiferentes mirando tantas muertes violentas de nuestros jóvenes. Es el momento de sembrar en ellos el amor a la vida y al servicio a los demás. Que los motivemos a tener una causa noble a la cual entregar sus preciosos años juveniles.

Evitemos que tantas madres y padres tengan en su alma la tristeza permanente causada por la despedida repentina del hijo que se fue para siempre sin decir adiós.

50 años de Medellín

La II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín, Colombia, en 1968, acaba de cumplir 50 años. La fecha es de feliz recordación porque era la primera vez que un Papa visitaba el Continente Americano. Le tocó al Papa Paulo VI quien con su presencia en este importante encuentro, llenó una página hermosa en la historia de estos pueblos marcados por la esperanza de un mundo más humano y fraterno.

Las conclusiones de Medellín nos interpelaron, y lo siguen haciendo hoy, para que asumamos una postura crítica frente a los graves problemas que afectan a los habitantes de estas tierras. Como cristianos somos los primeros llamados a transformar esta realidad cargada de tantos signos de muerte.

Para conmemorar tan importante iniciativa de la Iglesia, 50 años después se realiza el Congreso Profecía, Comunión y Participación, teniendo como escenario el mismo Seminario de la Arquidiócesis de Medellín, que en 1968 albergó a los representantes de las distintas diócesis del continente en aquella ocasión.

Nos llena de esperanza el mensaje del Papa Francisco enviado a los organizadores y participantes de este encuentro cuando afirma:

América Latina es una comunidad con una historia propia, con unos valores específicos y con problemas semejantes. Nos anima a reflexionar sobre la necesidad de potenciar una evangelización y una catequesis más incisivas que puedan renovar e inflamar el corazón de tantas personas, para que se hagan partícipes en la edificación de una civilización cada vez más fraterna y se comprometan en promover una paz más auténtica enraizada en la justicia y el amor.