La Iglesia dominicana perseguida por la agonizante dictadura trujillista

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PARTE 2

 

EL MOVIMIENTO ACCIÓN CLERO-CULTURAL

La verdadera historia de la resistencia de la Iglesia contra la ago­nizante dictadura trujillista no podría escribirse con el rigor que amerita sin hacer referencia al surgimiento del Movimiento Acción Clero-Cultural, resultante de  la articulación de voluntades de meritorios sacerdotes, seminaristas y estudiantes universitarios unificados en el ideal de contribuir a acelerar la caída del tirano, inspirados, muy especialmente, en la noble inmolación de los valerosos expedicionarios que en junio de 1959 vinieron a regar con juvenil y generosa sangre los surcos de nuestra libertad.

Mención destacada merece en tan noble esfuerzo libertario el tan meritorio, como poco reconocido sacrificio, del padre Daniel Cruz Inoa, de la Diócesis de Santiago. El Padre Cruz nació el 3 de enero de 1929 y fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1955. Su papel fue clave para galvanizar de forma discreta y efectiva el descontento de importantes sectores de la Iglesia y la juventud cibaeña contra la dictadura trujillista.

Como nos recuerda Giannella Perdomo: “El plan de acción estructurado por el Padre Daniel Cruz Inoa de una parte, partía de la premisa de que en las poblaciones más importantes del país existían grupos aislados de descontento, especialmente en el elemento joven, como consecuencia de los acontecimientos de junio de 1959 y, de la atmosfera revolucionaria en el área del Caribe, los cuales eran susceptibles de ser incorporados a la naciente organización”. (“Mis dos Eugenio. Archivo General de La Nación, Santo Domin­go, 2018. Págs. 56-60).

El Padre Cruz fue objeto de persecución y encarcelamiento por parte de los esbirros trujillistas. Pudo salvar su vida gracias a las oportunas gestiones de Monseñor Polanco Brito, quien obtiene del régimen su excarcelación bajo el compromiso de que el mismo fuera expatriado a Alemania, de donde retornó después de la muerte del tirano.

En la provincia de Salcedo, hoy Hermanas Mirabal, la historia del  Movimiento Acción Clero-Cultural merece un tratamiento especial que, en las páginas de esta entrega, sólo será abordada en sus rasgos más generales.

El autor de este artículo, en el marco de un libro en preparación  sobre el seminarista mártir  Luis Ramón Peña Gon­zález (Papilín), tuvo la fortuna de entrevistar al destacado luchador antitrujillista Ing. Francisco Aníbal González (cariñosamente Don Pachico). Sus vivencias y remembranzas, a pesar de su proverbial modestia, no pueden ni deben quedar sepultas en las penumbras del olvido.

Conforme nos revelara Don Pachico, el origen del Movimiento Acción Clero-Cultural en Salcedo es preciso ubicarlo en el primer domingo de julio de 1959. Aquel día, bajo la sombra pródiga de unos cerezos, se encontraron el hoy importante dirigente político Rafael Taveras Rosario (Fafa) y Francisco Anibal en casa de su primo hermano Antonio Ezequiel González, en San José de Conuco.

En plenas vacaciones de verano, aquellos jóvenes universitarios analizaban angustiados el trágico final de los jóvenes expedicionarios de junio de 1959 sin dejar de considerar en sus hondas cavilaciones la poca o ninguna solidaridad política encontrada por aquellos mártires de la dignidad y el decoro patrio. Sus refle­xiones le condujeron a dos  conclusiones esenciales para pautar la lucha contra la tiranía, a saber:

1.- Que era preciso trabajar por incorporar  la Iglesia a la lucha contra la tiranía pero a fines de preservar el carácter reservado de tan  arriesgada empresa era preciso hacerlo a través de los seminaristas.

2.- Que para despejar cualquier asomo de sospecha en torno a su velada labor era necesario organizar una manifestación a favor de  Trujillo.

Fue entonces cuando se dirigieron hacia la capilla de San José, de Conuco, situada cerca de la casa paterna de los hermanos sacerdotes, entonces seminaristas, Vinicio y Juan Evangelista Disla, ubicada antes del río de agua fría y antes de cruzar el puente hacia el sector denominado Corea. Allí se encontraban también los entonces  seminaristas salcedenses Ramón Pons Bloise (Monchú), Tobías Cruz González y Juanito González.

En la íntima camaradería generada entre aquellos jóvenes coterráneos unidos en el ideal de libertad, inician el diálogo los universitarios al preguntar a los futuros sacerdotes en torno a cuál sería su reacción y la de la Iglesia ante la masacre cometida por la tiranía contra los jóvenes expedicionarios. La pregunta de Vinicio Disla no se hizo esperar: ¿Y ustedes, los universitarios, qué piensan hacer?

Es entonces el mis­mo Vinicio Disla quien les comunica que, al día siguiente, lunes, vendría a la Parroquia de Tenares un valiente y comprometido sacerdote para predicar un retiro, refiriéndole sus destacadas credenciales de opositor clandestino a la tiranía. Se refería al Padre Daniel Cruz Inoa, quien había sido invitado por el entonces párroco de Tenares, el P. Ercilio de Jesús Moya (Q.E.P.D), también velado opositor a la tiranía. Fue en la habitación del padre Ercilio, en la casa curial de Tenares, donde se produce la primera entrevista entre el Padre Cruz y los jóvenes universitarios salcedenses.

Es el mismo Vinicio Disla quien les anuncia que estaría de visita también en la ocasión un activo seminarista de nombre Luis Ramón Peña González (Papilín), oriundo de La Romana, ya comprometido con el movimiento clandestino 14 de Junio, y quien había sido contactado gracias a la sugerencia de Luis Gómez Pérez, por el Dr. Julio Escoto Santana, responsable de organizar el movimiento en la región Este.

Los jóvenes universitarios salcedenses explicaron sus inquietudes al padre Cruz, quien al momento se encontraba acompañado del seminarista salcedence Ra­món Pons Bloise (Monchú, plenamente comprometido en acción clero-cultural. El padre Cruz se compromete a enviar el siguiente domingo al Ex-Seminarista de Estancia Nueva, Mariano García (Marién) y posteriormente al seminarista Hipólito Medina, ambos ya unidos activamente al Movimiento.