La conducta de nuestros héroes

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Los santos y los demonios, ficticios o reales, han existido en todas las sociedades, no importa la época, lo que cambian son sus nombres o figuras. Los domi­ni­canos, naturalmente, contamos con ambos, quie­nes, en ocasiones, hoy son aplaudidos y mañana aborrecidos o viceversa.

No pocos escapan a la tentación de resaltar o hun­dir personas dependiendo de las ventajas a obte­ner, obviando el peso de la verdad, todo con la finalidad de proteger o defender intereses. En ocasiones es la memoria la que falla, o se actúa por moda o ignorancia.

En política esto es el pan de cada día. El poder de­termina con sutileza o crudeza quiénes estarán en el infierno y en el cielo, incluso se subroga el derecho de elegir quiénes permanecerán en el purgatorio. Pero como el poder cambia de acuerdo a las circunstancias, Satanás mañana puede ser ejemplo de virtud y Dios de bellaquería.

Los Estados Unidos de América conocen bien lo útil que es contar con “regímenes opresivos” y “go­biernos del mundo libre”, con “el loco de Corea” y “el patriota de Trump”. Y se van más allá, pues además de tener símbolos ideológicos y de carne y hueso, también los producen por montón en el cine y en los dibujos animados, por ejemplo, “Supermán vs. El Acertijo”.

Los dominicanos, siguiendo en el ámbito político, tenemos personajes en la cima y en el fango. Algunos son coyunturales, otros eternos. Entre los primeros están: Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Espaillat, Manolo, Caamaño… y recientemente algunos más, incluyendo a Bosch. Los villanos, son, entre otros, Santana, Lilís, Trujillo… y algunos más que no quiero recordar o prefiero omitirlos para no herir susceptibilidades.

Y en la actualidad: ¿Con quiénes nos sentimos identificados? La realidad es que nuestros héroes están mayoritariamente en el deporte y en la música, en especial en el béisbol, el merengue, la bachata y el género urbano. Ellos son nuestros mejores representantes, los que nos unen como pueblo, quienes nos hacen sentir sanas emociones. Sin nuestros deportistas y músicos, algo vital nos faltaría o estaría muy débil, me refiero a la identidad y orgullo patrios.

Gracias a su presencia mantenemos vigencia en el mundo, somos potencia en algo constructivo y nos sentimos más y mejores dominicanos. Así las cosas, ellos tienen también la responsabilidad de comportarse correctamente, de no empañar nuestra bandera, porque la gente sigue sus pasos y no dudan en imi­tarlos.