La Carta Pastoral colectiva de los Obispos dominicanos de enero de 1960: Clamor profético contra los abusos de la tiranía

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PRIMERA PARTE

El 31 de enero del presente año 2019 se conmemora el 59 aniversario de la Carta Pastoral Colectiva de los Obispos Dominicanos escrita en uno de los momentos más difíciles de nuestra historia contempo­ránea en que los coletazos de la ­férrea tiranía agonizante se sintie­ron con más fuerza en la sociedad dominicana.

Resulta, pues, oportuno que las nuevas generaciones conozcan la significación y la importancia de aquel valiente documento que mar­có un punto de inflexión en las relaciones Iglesia-Estado en nuestra historia contemporánea, convirtiéndose en la resucitación del memorable Sermón de Montesinos de 1511, gesto primigenio de denuncia profética de la Iglesia en los inicios de nuestra historia colonial a favor de la dignidad de la población indígena masacrada inmisericordemente por los colonizadores espa­ñoles.

Aunque con fecha del 25 de ene­ro de 1960, la Carta Pastoral fue leída en todos los templos católicos en la misa dominical del 31 de ene­ro de dicho año, acontecimiento que fue preparado bajo la más absoluta reserva a fines de evitar que se pusiera en marcha la eficiente ma­quinaria de espionaje del régimen abortando sus altos fines.

Como nos recuerda, a este res­pecto, el padre Antonio Lluberes, S.J: ““la logística de redacción y distribución de la Carta fue un virtuosismo de sigilo, que no pudo ser detectado ni por los servicios de inteligencia ni por los miembros del clero amigos del régimen. El Epis­co­pado hizo una sutil distinción en el clero e incluso evitó que el documento llegase a manos de sacerdotes sospechosos de trujillismo”.

En un acto de fina inteligencia la misma fue entregada en la Sede Presidencial después del mediodía del viernes 29, de suerte que su contenido pasara inadvertido, efecto que se logró cabalmente pues es el mismo domingo cuando el tirano logra enterarse de que a la misma se estaba dando lectura en todos los templos, información que recibió de parte del historiador Emilio Ro­dríguez Demorizi, quien vivía fren­te a la iglesia de Las Mercedes, en la Ciudad Colonial.

Virgilio Álvarez Pina, a la sazón Ministro de Interior y Cultos del ré­gimen, recibe llamada de Trujillo informándole de lo que estaba aconteciendo e instruyéndole tras­ladarse al Arzobispado de Santo Domingo a fines de procurar una copia de manos de Monseñor Beras, quien le hace entrega de la misma no sin antes disimular su extrañeza ante el hecho de que “El Jefe” no estuviera enterado de su contenido debido a que la misma le había sido remitida el viernes.

Para hacer justicia histórica preciso es afirmar que la Carta Pastoral tuvo más de un protagonista, aun­que una misma inspiración: la del Espíritu Santo. Que nunca está encadenado y alienta la vocación profética de los creyentes y de toda la Iglesia, muy especialmente en los momentos de mayor incertidumbre, desorientación y desconsuelo. Y esa era la pesarosa realidad que se vivía entonces.

Un primer artífice, indudablemente, lo fue Monseñor Juan Félix Pepén, entonces joven Obispo de la recién creada Diócesis de Higüey. En sus valiosas memorias “Un Ga­rabato de Dios” nos describe importantes pormenores de aquellos mo­mentos decisivos para la Iglesia y la sociedad dominicana:

““…la gente perseguida o en peligro clamaba por lo bajo a la Iglesia, a sus obispos, pidiendo su intervención. La Iglesia dominicana no podía ni en conciencia ni en res­ponsabilidad histórica permanecer indiferente… aunque sabíamos los riesgos, el conflicto entre la Iglesia y el régimen era inevitable”. La Iglesia cumple su misión profética y santificadora, curativa siempre, o pierde su autoridad moral y espiritual ante los pueblos. Hasta esos días rociar agua bendita y cantar Te Deums oficiales no había generado conflicto pero tampoco había mejorado la vida del pueblo. Ahora era necesario el Ministerio Profético: decir la verdad, clamar por la justicia con amor. Denunciar en la medida conveniente y necesaria las violaciones alarmantes de los derechos humanos”.