La bondad de los placeres

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La bondad de los placeres

El pasado 9 de septiembre el Papa Francisco sorprendió a muchos al alabar los placeres en general, y en particular el placer de comer y el venéreo.

Dijo textualmente que “el placer de comer sirve para mantenerse saludable, al igual que el placer se­xual sirve para que el amor sea más hermoso y garantizar la continuidad de la espe­cie”. Incluso los calificó de placeres “divinos”; por su­puesto que divinos no por ser divinidades adorables, sino porque provienen de Dios Creador.

Evidentemente que si no hubiese papilas gustativas, nos descuidaríamos en la alimentación hasta el punto de languidecer y llegar a morir por inanición. Y si no fuese placentero el acto conyugal, el planeta estaría medio desierto (!)

En otros tiempos hubo mucho prejuicio moral contra los placeres cuando en realidad todos provienen de Dios. Satanás no ha sido capaz de ofrecer un solo placer; sólo brinda pesa­dumbre y amargura.

En la actualidad no hay tanto peligro de hedonofobia (miedo al placer). Aho­ra más bien hay que luchar contra el hedonismo o culto al placer. Abundan los que tienen un criterio hedonista a la hora de elegir: “Me gusta, lo hago; no me gusta, no lo hago”. Con eso se le cierran las puertas a valores tan cristianos como la ab­negación y la mortificación de los sentidos.

En cuanto al comer, la humanidad ha llegado a un grado muy elevado de refinamiento culinario. Se lle­narían bibliotecas de libros con las recetas gastronómicas más sibaríticas que se puedan imaginar. Con oca­sión de tanta exquisitez, muchas personas comen más de lo debido y, en vez de guiarse por los cánones de la Dietética, abusan de lo más dañino como son los nutrientes de origen animal, las grasas y los azúcares. En los países desa­rrollados las enfermedades ligadas a la obesidad riva­lizan con el Covid-19.

En cuanto al sexo, se educa poco en el amor con­yugal. Más bien abundan los manuales orientados exclusivamente a intensifi­car y a prolongar la satisfacción sexual sin referencia alguna a la dignidad humana y a la moral. Y no digamos nada del auge de la pornografía y de otros incentivos a buscar el pla­cer erótico; de ahí que haya tantos seres humanos adictos a lo sexual.

En sus recientes declaraciones, el Papa Francisco dejó bien clara la interpre­tación correcta del mensaje cristiano a este propósito: “La Iglesia Católica ha condenado el placer inhumano, brutal y vulgar, pero en cambio siempre ha aceptado el placer humano, sobrio y moral”.

Un antiguo refrán reza así: “In medio stat virtus”; es decir, la virtud reside en un término medio. En esto de los placeres se deben evitar los extremos de un puritanismo excesivo por un lado y el de una relaja­ción también excesiva por el otro.