Juan Vásquez y Marta Bonafide celebran sus bodas de oro matrimoniales entre rosas y espinas

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Juan María Vásquez y Marta Bonafide Clariot se conocieron en el año 1963. Una amiga de ambos, pariente lejana de Juan, los presentó. Luego de un cortejo ro­mántico: galanteo, serenatas, detalles, acerca­miento a la familia, Marta aún se resistía un poco. Cuando un primo suyo, en un compartir, percibió en Juan a mu­chacho serio, le dieron entrada a la casa. Per­ma­necieron de novios por 6 años durante los cuales, paso a paso fue­ron preparándose de manera espiritual, emocional y material. Am­bos proceden de fami­lias enraizadas en la fe y esto tuvo un gran peso al momento de deci­dirse a contraer matrimonio canónico el 12 de septiembre de 1970.

Desde los inicios de su matrimonio tenían muy claro los fines a los que se comprometían. Luego de mucha ora­ción, pidiendo la intercesión de la Virgen y buscando ayuda médica, nació su primer y único hijo: Juan de Jesús, el cual recibieron con mucho amor, dándole lo que para ellos es la mejor herencia: una buena formación huma­na sustentada en la fe, en los valores y princi­pios cristianos.

Doña Marta es maestra por vocación, dedicada a la docencia desde 1957 hasta 1995. Una parte de su labor la realizó en el sector privado y otra en el público, siendo reconocida como maestra ejemplar.

Don Juan también laboró por muchos años en un centro educativo en la parte administrativa. Son muchos los estudiantes, hoy adultos, que recuerdan con gran cariño y gratitud a estos dos pilares.

En cada una de las circunstancias vividas por este matrimonio a través de 50 años, la presencia del Espíritu Santo siempre ha estado en medio de ellos. El amor, la oración (5 dé­cadas rezando el Santo Rosario en familia día por día), la fe y la con­fianza puestos en Aquél que todo lo puede han sido el motor que los ha ayudado a permanecer unidos, firmes y sere­nos, pese a todas las ad­versidades que juntos han tenido que enfren­tar.

Desde el inicio de su convivencia matrimo­nial, Don Juan y Doña Marta, han sido verda­deros apóstoles. En los primeros años fueron miembros del Movi­miento Familiar Cristia­no. Allí formaron fuer­tes lazos de hermandad con otros matrimonios y junto a ellos compar­tieron la gran noticia de la llegada del hijo tan esperado.

Ambos pertenecen al Movimiento de Cursillos de Cristiandad desde hace aproximadamente 47 años, donde formaron parte de la Es­cuela de Dirigentes. Doña Marta fue rollista y Don Juan estuvo en­cargado de la Casa de Cursillos.

Estuvieron integrados en el Apostolado de la Oración y han estado activos por más de 40 años en la Hermandad del Sagrado Corazón de Jesús. Desde hace más de 20 años Doña Marta es la coordinadora pa­rroquial de la Herman­dad en la Catedral San­tiago Apóstol, El Ma­yor. En esta Parroquia están integrados como servidores desde 1972 y en ella han colaborado en los cursillos pre bau­tismales, en las anotaciones de intenciones de Misa, en las lecturas, en los cantos, como minis­tros extraordinarios de la Eucaristía. Entre otros servicios, participaron en la Evangeliza­ción por más de diez años en el Sector El Número.

Además, ambos han sido catequistas en dife­rentes comunidades: Los Garajes (Parroquia Nuestra Señora de la Altagracia) junto al hermano José Ramón; en Los Ranchos de Babosico, con Mons. Batista, Mery Jerez, Gregoria Del Rosario y Pilar De Anta. A nivel arquidiocesano desde el 2012 son miembros del Mo­vi­miento Sacerdotal Mariano.

En estos 50 años de unión sacramental, Don Juan y Doña Marta no han acumulado bienes materiales, pero sí po­demos testimoniar que a nivel de servicio apostólico han sido un ma­trimonio muy fructí­fero. Por eso, nuestra familia agradece infinitamente al Eterno Padre y a nuestra Madre Ma­ría, por todos los dones y favores concedidos en este trayecto de espinas y rosas.