Jesús y la salud

0
287

La enfermedad en Israel se veía como un castigo de Dios

En días pasados el teólogo espa­ñol José María Catillo decía que una de las preocupaciones de Jesús du­rante su ministerio fue la salud de la gente. Esto es algo que fácilmente comprobamos al leer los evangelios, pues lo que más aparece en ellos son los relatos de milagros, donde Jesús cura a muchos enfermos. Tal parece que encontramos a un Jesús que no es indiferente ante este problema que es inherente a la condición humana.

El criterio de enfermedad que se tenía en Israel era que se producía por un castigo de Dios a consecuencia del pecado del hombre (Ex 11, 4s; Lev 26,16; Det 28,22), pero también es causada por demonios y otras fuerzas misteriosas del submundo (Job 18, 13; Sal 91,6). En los evangelios nosotros encontramos esta misma concepción (Lc 13,16; Jn 5,14; 9,2), pero tal parece que Jesús, aunque se asocia a estas concepciones, pues él era un hijo de su tiempo, va más allá (Jn 9,1-3; 11,4), y es lo que le da ciertos matices di­ferentes a la obra sanadora que Él realiza.

La medicina en los tiempos bíblicos tenía también el mismo matiz religioso que la enfermedad: si Dios es quien permite la enfermedad, pues el mismo da la sanidad me­diante la oración, el sacrificio y los ayunos (2Sam 12,16; 2Rey 20,2-11; Eclo 38,9-12).

Israel no tenía un gran conoci­miento en medicina de­bido a la prohibición de tocar los cadáveres (Núm 19,10-12), que fue lo que ayu­dó a los egipcios y meso­potá­micos a los avances en medicina, además de que el médico no era bien visto en Israel (2Cro 16,12-13), pues todo estaba reducido al Dios Yahvé.

Cualquier  curación relativa a la medicina estaba reducida a vendajes y ungüentos con vino, higos y hiel de pescado (Tob 11, 8.13-15). Jesús, tal parece que no reprueba la medi­cina, pero niega su carácter de nece­sidad y aparece cierta ironía en los evangelios hacia la misma (Mc 5, 26), pero él reconoce dicha actividad (Mt 9,12; Mc 2,17; Lc 5,31). San Ignacio de Antioquía va a ser el primero en llamar médico a Jesús.

En el Antiguo Testamento noso­tros encontramos una gran actividad sanadora por parte de los profetas de Israel, como el caso de Elías y Eli­seo (1Rey 17,17ss; 2Rey 5), Jesús como ellos cura enfermedades, no se muestra insensible ante la necesidad de salud que tiene la gente, la cual parece mucha en su época. Además de que él se mueve entre los pobres y marginados del Israel de entonces, de ahí tenemos por un lado un Jesús que capta lo que la gente necesita y con el poder de Dios responde ante dicha necesidad. Da cierta prioridad en su quehacer a lo que sus destinatarios requieren, les anuncia la palabra, proclama la llegada del Reino, pero este debe darse a través de un quehacer que responda a la satisfacción de las ne­cesidades de la gente, en este caso la necesidad de salud que hay.

Creo que no tenemos, y tal vez nunca sabremos el número de enfermos que había en la Palestina de Jesús del siglo I, pero por lo precario de los conocimientos médicos y la actitud religiosa predominante en la sociedad de entonces, hacia los médicos y la medicina, el problema debía de ser grande y abundante, y de ahí la respuesta de Jesús ante tan acuciante y presente problema. No descartamos la intención teológica o de fe que tenía y entraña cada milagro y la búsqueda por parte de los evangelistas de presentar las dotes extraordinarias de su personaje principal, pero tal parece que la intención de ayuda y auxilio por parte de Jesús, lo rebasa.

Por lo tanto, en un mundo preca­rio para los pobres en el renglón salud, la actitud nuestra debe ser la de Jesús. Hay que luchar y trabajar por mejores condiciones de salud para nuestros hermanos más pobres, como una de las categorías importantes a la hora de predicar e implantar el reino.