Hay mucha gente buena

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Eran los años de mi infancia y adolescencia, cuando en casa se re­cibía todos los meses desde España, una revista llamada: “Reino de Dios”, dicha suscripción la había hecho el famoso P. Calvo, jesuita, del Centro Bellarmino, era una re­vista de espiritualidad, donde por lo que recuerdo se tratan estos temas; tenía varias columnas fijas, pero la que siempre me llamaba la atención era la de un sacerdote un tanto ma­yor, ya que traía su foto, que se lla­maba: “Hay mucha gente buena”, donde hablaba de personas y situaciones en las que se destacaba la bondad de la gente.

Pues sí, ayer y hoy hay mucha gente buena. Sabemos por las noticias que nos llegan a través de los medios de comunicación y las redes sociales, que hay mucha maldad en el mundo, acontecimientos terribles que a raudales escuchamos y ve­mos, y todo eso puede darnos la impresión de que todo se ha perdido, que el mal se impone ante el bien.

Una vez en clases, hablando sobre la bondad en el mundo y la de mucha gente, un estudiante me de­cía que ese mundo él no lo conocía, pues toda su existencia había sido un sufrimiento y una lucha contra el mal, y que creía que ese mundo del bien no existía. Lamentablemente hay mucha gente con esa concepción y con un tipo de existencia donde lo malo ha prevalecido ante lo bueno, pues no podemos ser in­genuos y pensar que todo es presencia de la bondad de Dios y de los hombres en torno nuestro.

Pero aún con esa presencia del mal y de lo malo entre nosotros, hay mucha gente buena en el mundo, y tal parece que no hacen tanto ruido como los hacedores de la maldad y de ella en sí misma. Son como dice el Evangelio, pequeños granos de mostaza, pequeña simiente que va creciendo casi desapercibida entre nosotros, pero que cuando irrumpe lo hace con fuerza y vitalidad, pro­vocando el asombro y la alegría de todos. Por ejemplo, en esta pande­mia en la que nos encontramos, cuántas noticias de la dedicación al bien de los infectados y por ellos, nos han llegado, sobre todo de mu­cho personal sanitario que se ha en­tregado a esta causa. Cuantos testimonios de personas que no han abandonado a sus seres queridos o amigos en los momentos de aisla­miento y soledad provocados por el coronavirus, aunque este ha sido un tiempo de desgracia y al parecer un año perdido para la humanidad, se ha dado una gran ganancia en bien y bondad en este triste momento de la historia.

Hay mucha gente buena, hay mucha bondad en nuestro mundo. A eso estamos llamados, por eso no hay que desperdiciar la vida en ma­quinar cosas para destruir al otro y al mundo, sino todo lo contrario, utilizar todo nuestro potencial hu­mano y los talentos dados por el Creador para hacer un mundo me­jor, donde el bien y la bondad sean siempre nuestro norte.

Dios es la inmensa y gran bondad, el que ha hecho todo bueno y para el bien de todos los seres hu­manos. Nos hizo a imagen y semejanza suya, es decir, estamos más esencialmente destinados al bien que a la maldad. Nos sentimos mejor cuando todo está bien y va bien en nuestra vida, por lo tanto, el asunto sería trabajar en esa línea: la del bien y la bondad.

Jesucristo el Hijo de Dios nos habla del Reino, que no es más que presencia de Dios posible en noso­tros. En otras palabras, presencia del bien, y hay mucha gente trabajando por el Reino de Dios. Hay muchos sembrando bondad diariamente por todas partes, es decir, hay mucha gente buena entre no­sotros, y hagamos todo lo posible por ser de esa gente.