Por: Isabel Valerio Lora, MSc                        

“Me parece que el secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla tal cual es.” San Juan de la Cruz.

La palabra secreto es del latín secretus, que significa lugar apartado, retiro, es decir, es algo escogido para ser guardado o que son pocos conocidos, de un número limitado de personas.

Una persona promedio, guarda trece secretos en este momento de su vida y hay cinco de ellos que nunca le han contado ni le contarán a otra persona, según un artículo publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, basándose en el estudio denominado “la experiencia del secreto”, este  concluye que lo que afecta nuestra psiquis no son las mentiras que inventamos para ocultar esa información, sino las veces en que pensamos en el secreto.

Cuando guardamos un secreto, nuestro cerebro se pone como objetivo ocultar esa información, ya que ha sido un acto de confianza que genera responsabilidad y para no olvidar ese secreto se mantendrá pensando en el tema, lo que supone un desgaste de energía que  interviene en nuestra vida cotidiana y nos puede generar estrés.

Psicólogos de la Tufts University descubrieron que cuando las personas están preocupadas por guardar un secreto, perciben su entorno como más complicado de lo que en realidad es, no sólo se convierte en un peso psicológico, sino también en un peso físico que hace que las tareas diarias parezcan más agotadoras.

Un estudio publicado por The American Psychology Association, revela que las personas que guardan secretos pueden tener trastornos psicológicos como ansiedad y depresión. Eso porque guardar un secreto inconscientemente  genera vergüenza, ya lo relacionan como algo ‘prohibido’, es en ese momento cuando comienzan las crisis de ansiedad, al no poder revelar el secreto. Como consecuencia de la ansiedad, viene la depresión;  por el cúmulo de emociones que se acumulan.

Para evitar las consecuencias psicológicas que conlleva guardar un secreto, se recomienda liberar la carga emocional revelando el secreto a una persona totalmente ajena al secreto, o a un profesional, un psicólogo, que te ayude a manejar tus emociones. Para canalizar las emociones, la escritura antes de dormir suele ser de ayuda. Recuerde romperla y tirarla.