Fraternidad universal

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El Papa Francisco nos ha regalado su tercera encíclica titulada Her­manos todos. La firmó en Asís, el pasado 3 de octubre. Ese hermoso pueblo italiano es la tierra de San Francisco quien según las palabras del Sucesor de Pedro, ha inspirado su reflexión para este documento y para Laudato Sí.

En los ochos capítulos que comprende la Encíclica, el Papa nos habla de la guerra como fracaso de la humanidad, la pena de muerte como algo inadmisible, la libertad religiosa, como un derecho fundamental. También sobre los problemas globales que requieren una solución global recalcando su postura de: no a la cultura de los muros.

Habla de las sombras de un mundo cerrado, en donde se pierde el sentido social, caminos de reencuentros, y las religiones al servicio de la fraternidad. Nos dice que la mejor política es aquella que no está sujeta a los intereses de la finanza, sino al servicio del bien común.

A propósito de la política nos parece muy bien que las nuevas autoridades hagan suyas estas palabras del Papa, tomando en cuenta que el bien común debe estar por encima de cualquier interés partidario.

Para lograr esta meta, el Presidente deberá contar con funcionarios que sintonicen con sus buenos deseos, no tener contemplación para separarlos de sus puestos, cuando entorpezcan las ejecutorias que tiene el Primer Manda­tario, yéndose por caminos paralelos.

Es hora de unidad nacional, para salir airosos ante la grave crisis por la que atravesamos.

Hacemos un llamado a los grandes sectores económicos para que arrimen el hombro, apoyando decisiones que vayan en bien de la mayoría.

Deben comprender la responsabilidad social de sus riquezas. No se puede seguir desesperando a los excluídos. Deben tener presente que la paz es fruto de la justicia.

A la clase política le recordamos, que debe ser la primera en dar ejemplo de austeridad, tan necesaria en este momento.

Sugerimos una rebaja sustancial en los sueldos de los altos funcionarios y congresistas, que se eliminen los privilegios irritantes de que disfrutan muchos de ellos. Porque, obras son amores y no buenas razones.

Ante la presente circunstancia en que vivimos, el Gobierno tiene la gran oportunidad de, junto a los hombres y mujeres de buena voluntad, comenzar a construir una nueva República Dominicana cada día mejor, en donde vivamos como hermanos.