Filosofía al servicio de la ideología de género

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BRÚJULA

Sor Verónica De Sousa, fsp

En la pasada “Brújula”, evoca­mos las conferencias internacionales de la Mujer de CEPAL de 1994 y de Pekín, al año siguiente, donde hubo un impulso a la «ideología de géne­ro». También dijimos que este término había sido usado por grupos ­feministas en sus discursos.

La idea de «género» es una coalición ideológica, con fundamentos a la vez socialistas y liberales. Del ala socialista, tenemos como iniciador a Feuerbach (1804-1872), quien habla de «humanidad genérica»: solo cuenta el «género humano», del cual el hombre individual no es sino una manifestación efímera destinada a la muerte. Pero la ideología liberal, con su concepción utilitarista del hombre, muy marcada por el malthusia­nismo, se une a esta visión, particularmente en una concepción globa­lista del mercado, al cual debe ser subordinada la política y la producción de los hombres; el indivi­duo es reducido al ejercicio de una simple función.

El periodista francés Denis Len­sel, en su libro «L’Évangile face au désordre mondial», atribuye a Fede­rico Engels (1820-1895) la paterni­dad de la ideología ultrafeminista del «género», como sustitución del sexo natural. Engels fue colaborador de Carlos Marx. De él toma la dia­léctica de la lucha de clases y la aplica a las relaciones de la familia, en su libro (1884) «El origen de la fa­milia, de la propiedad privada y del Estado», que reinterpreta la lucha de clases y la proyecta como opresión de la mujer por el hombre. Según Engels, como el proletario oprimido, la mujer esclavizada debe oponerse y contestar su lugar de alienación, que es la familia. Ella debe comprometerse en una revolución cultural para liberarse del yugo masculino.

Por su parte, Simone de Beau­voir, pareja de Jean-Paul Sartre y  filósofa de la liberación femenina afirmó: «No se nace mujer; se hace. Ningún destino biológico, psíquico, econó­mico, define la figura que re­viste dentro de la sociedad la hembra hu­mana; es el conjunto de la so­ciedad el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el cas­trado que es calificado como femenino. Solo la mediación del otro puede construir a un individuo como otro… Hay que rechazar la sexualidad como natura­leza. Hay que superar esa institucio­nalización del amor que vincula a la mujer con el sexo, la maternidad, el hogar. Es menester que haya parejas libres, madres libres, libertad econó­mica para la mujer… el encuentro de los sexos en un nivel de igualdad ple­na será únicamente el encuentro de dos ­libertades».