Felicidad: ¿relación o digestión?

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Johannes Kepler (1571 – 1630) dio cinco pasos acertados para lograr su gran aporte a la astronomía y uno hacia el fracaso. Michael Maestlin, en lugar de ense­ñarle el sistema de Ptolomeo como a los alumnos corrien­tes, le introdujo al sistema copernicano. Segundo, dejó la teología por las matemáticas.

Tercero, fue ayudante del astrónomo estrella contemporáneo: Tycho Brahe. Cuarto, casi muriendo, Bra­he le entregó sus cálculos laboriosos sobre las órbitas reales de los planetas. Quin­to, Kepler concentró sus esfuerzos en calcular la órbita de Marte y las propieda­des de esta trayectoria.

Hasta aquí los aciertos, pero siendo un pitagórico empedernido, Kepler supuso que la armonía celestial exigía que cada órbita plane­taria describiera una perfecta circunferencia. Se frustró cuando todos sus cálculos sobre la órbita de Marte fracasaron a pesar de partir de las observaciones comprobadas de Tycho Brahe, Cuestionó su falso presu­puesto y descubrió que la elipse y no la circunferencia era la figura descrita por Marte en su órbita. Con el fundamento correcto, Ke­pler pudo elaborar sus tres brillantes leyes astronómicas.

En las sociedades desa­rrolladas, muchos conciben el ser humano como un individuo llamado a ser feliz a base de poseer, consumir y usar de los demás y la naturaleza en provecho propio, buscando solamente la satisfacción de sus propios inte­reses. Los pueblos pobres también hacen fila detrás.

Hay dos indicios de que calcular así la trayectoria del ser humano hacia la felicidad es erróneo. Primero, amplios sectores de las llamadas sociedades prósperas no son felices y compensan consumiendo drogas y otros alucinógenos. Segundo, si a usted todavía no le han tapado los ojos, se habrá dado cuenta de que la naturaleza perece.

Considere esta propuesta de la Doctrina Social de la Iglesia en armonía con otros pensamientos: el ser huma­no es intrínsecamente sociable, existe en la medida en que se relaciona con los otros y en su ser más profundo se descubre convocado al amor, nuestro origen y meta. Es decir: ¡se equivocan los que ponen la felicidad humana en el poseer!

La verdadera dicha está en la entrega sincera de lo que somos y tenemos a los de­más.

Reflexione: ¿cuándo usted ha experimentado de manera más viva la realidad de su propio ser personal, acumulando o compartiendo? Compendio de la Doc­­trina Social Católica (No. 34).

El autor es Profesor Asociado de la PUCMM,