Explicando a un niño qué es el Alzheimer

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“Pide una mano que estreche la suya, un corazón que le cuide y una mente que piense por él cuando él no pueda ha­cerlo; alguien que le proteja en su viaje a través de los peligro­sos recodos y curvas del labe­rinto”. (Vivir en el Laberinto. Diana Friel, 1994)

El Alzheimer es el tipo más frecuente de demencia, afecta al nú­cleo familiar completo, de forma muy directa al cuidador, que es el responsable de su bienestar físico y emocional. Pero de igual forma afecta a los niños, que no entienden por qué su abuelo o abuela cambia tanto de humor, tiene esas conductas y se olvida tanto de las cosas cotidianas. A veces sienten que ya no lo quieren como antes.

Los niños con frecuencia sufren más que cualquier otro miembro de la familia cuando su abuelo o abuela está padeciendo la enfermedad de Alzheimer y aunque mu­chas familias quieran tenerlos al margen, los niños deben saber que se trata de una enfermedad y es nuestra responsabilidad ofrecerles detalles acordes con su edad.

Explicando la enfermedad de Alzheimer a un niño:

Hay que tratar de explicar en qué consiste la enfermedad. Se pueden utilizar metáforas para explicar el funcionamiento del cerebro y cómo se ve afectado por la demencia.

Se pueden detallar  los síntomas brevemente, enfocándose que es una enfermedad que afecta la me­moria (nuestros recuerdos), el pensamiento, el lenguaje y hasta la identidad. Para que el niño comprenda los cambios de humor y las conductas que tiene el abuelo o la abuela y no tome a personal lo que está pasando.

En los niños no podemos crear falsas expectativas con relación a la curación de la enfermedad, con mucho tacto y siendo positivos, enfocándonos en lo que podemos hacer para ayudar aunque sea im­posible curar.

Insistir siempre en que el abuelo o la abuela sigue siendo la mis­ma persona de siempre, con su ca­riño acostumbrado, pero que ahora no lo sabe demostrar como antes, por la enfermedad.

Permitir que los niños expresen sus sentimientos, si tienen miedo, ira, frustración, vergüenza o culpa por lo que está pasando. Expli­carles que esas emociones son totalmente normales y que pueden contar con nosotros para expresarlas y gestionarlas.

Animar al niño a que comparta con la persona enferma mantiene los vínculos. Pueden ayudar con tareas simples: dar un paseo, sentarse a su lado, dibujar juntos, etc.