En noviembre Un Paso por mi Familia

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En noviembre damos un paso por la familia, por nuestras familias, ya que todos pro­ve­nimos de una y es una de las instituciones más viejas de la hu­manidad, y la que ha dado sentido a la vida de los hombres y mujeres. Clásicamente se dice que la base social por excelencia es la familia, la conformadora de la sociedad en que vivimos, ha sido una crea­ción del mismo Dios, desde el mismo instante en que creó los seres humanos; de ahí la importancia de la familia para todos noso­tros.

Pero los tiempos van cambiando y con ello el hombre y la sociedad en que vive. Siempre hay nuevas formas de enfocar las cosas, de conocerlas y vivirlas. Lo mismo ha pasado con la familia, los diversos cambios históricos le han afectado y hay una nueva visión acerca de la misma, por ejemplo: la imagen tradicional de familia es un hombre, una mujer y unos hijos, pero hoy día, debido al auge de los divorcios y separaciones matrimoniales, podemos encontrar una mujer con sus hijos o un hombre con ellos por igual y son una familia, o los abuelos con los nietos, tíos y sobrinos, o una pareja sin hijos, en fin, la fisonomía familiar ha cambiado y seguirá cambiando. Ahora bien, lo que permanece, y me atrevería a decir que permane­cerá, será la función humana y social que tiene la familia como cuna de la vivencia de los valo­res más auténticos para los seres humanos y lugar de la formación primera de los futuros ciudadanos.

Todo el sistema de vida que desde hace siglos vamos llevando se ha forjado en la base fami­liar que hemos vivido a lo largo de esta historia. La forma de vivir y ver la vida se ha ido gestando en un ambiente familiar, de ahí que hoy día gente que quiere cambiar la historia a su antojo y la forma en que hemos vivido, quisieran cambiar la base de la misma, para sus fina­li­dades, de ahí el empeño por cambiar la estructura familiar con una serie de innovaciones que desnaturalizan la razón de ser, de la fa­mi­lia. Ciertas ideo­logías de gé­nero y grupos sociales luchan para que esto suceda y propugnan por legislaciones y códigos que vayan en pro de sus ideas de cambiar la cara de la familia, en bien de sus intereses no saluda­bles socialmente para el mundo de hoy y contrarios a la fe que profesamos.

Hay una especie de alianza entre esos grupos y el poder po­lítico, para legitimar aun en contra de la mayoría de la socie­dad en que vivimos esas pretensiones de cambiar la visión de la familia, no la que hemos tenido, sino la que debe de ser. Incluso yendo en contra de la misma na­turaleza humana, pero es un error, pues algo anti-natural no puede legitimar lo que es natural de por sí, sería un error y una estupidez, en este tiempo de tan­to conocimiento que tene­mos. De ahí la necesidad urgen­te de dar un paso y marchar por el bien de la familia como institución humana y querida por el Dios de Jesucristo, el cual vino a este mundo vía una familia, y el mismo Dios es familia como parte de la comunidad trinitaria a la que pertenece. Es un deber humano, ciudadano y cristiano apoyar a la institución familiar e ir en contra de estas pretensio­nes aberrantes del día de hoy que se quieren imponer e instrumentalizar a la familia, en contra de su razón de ser y de lo que Dios quiere, desea y manda.