En Luperón, Puerto Plata Ondina Villamán regresó a la Casa del Padre

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Deja un ejemplo de servicio a los demás

 

En día 23 de septiembre de 1949, Dios tomó la decisión de enviar al mundo terrenal un ángel que cambiaría la vida de muchas personas.

Ese ángel es Ondi­na Villamán Morro­bel García, tercera de la familia creada por don Armando Villa­mán y doña Buena­ventura Morrobel.

Siendo apenas una adolescente estudió en­fermería y junto a su hermano mayor Héctor Rafael inició  su vida labo­ral, ayudando al desarrollo y crecimiento de sus hermanos.

Ondina, mujer de gran voluntad, servicio, amor y dedica­ción por el prójimo, desde su posición de enfermera en el Sub-Centro de Salud de Luperón y zonas ale­dañas.

Tal fue su amor y compromiso que le lle­vó a aceptar mu­chas solicitudes para el sa­grado sacramento del Bautismo de mu­chos niños a los que sirvió con amor en el cuidado de su salud.

El 28 de septiembre de 1974 contrae matrimonio con el jo­ven alta­mireño Zaca­rías García Medina. Tuvieron tres hijos: Bereniel, Joan Rai­niery y Berenice. Lu­chó junto a su espo­so, para que ellos tuvie­ran la mejor educa­ción, siempre bajo los preceptos cristianos, de respeto y amor al prójimo, además de dar un ejemplo de fe, en cada paso de su vida.

Su gran amor por el prójimo permitió que su familia no sólo se limitara a sus hijos biológicos, sino que dio su amor de madre a mu­chos hijos e hijas cuyos padres vivían en condiciones de mu­cha pobreza, brin­dándole comprensión y educa­ción en valo­res cristia­nos.

Ese amor de madre también se hizo ex­ten­sivo a muchos se­mina­ristas y sacerdo­tes, quienes encontraron en ella y en su familia, un segundo hogar, pues las puertas de su casa siempre estuvieron abiertas, con la mejor disposición de apoyarles en su formación y en sus proyectos.

A la Parroquia San Isidro Labrador de Lu­perón le brindó un servicio desinteresado por más de 25 años, colaborando y apo­yando cada una de las actividades, participando como integran­te en grupos apostólicos por décadas. Per­teneció al Aposto­lado del Corazón de Jesús, a la Legión de María, fue ministra de la Eu­caristía y dirigió el equipo de liturgia por más de ocho años.

En mayo del año 2019, la Parroquia le dedicó sus Fiestas Pa­tronales y en una magnífica ceremonia le fue entregada una Placa de Reconoci­miento.

Agradecemos a Dios  esas cualidades que siempre acompaña­ron a Doña Ondina.

Ella regresó a la Casa del Padre el pa­sado 19 de diciembre del 2020.