En la Misa por el sexto mes de su partida Monseñor Moya y Monseñor Rafael Felipe recuerdan su amigo Monseñor Vinicio Disla Almánzar

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Palabras de Mons. Rafael Felipe (Fello).

Buenas tardes. Esta misa en acción de gracias por la vida de Mons. Vinicio Disla, queríamos celebrarla meses antes, pero la situación, naturalmente del covid-19, impidió y se fue retrasando hasta llegar a este sexto mes.

Con Vinicio, yo vengo pensando lo que dice el Profeta Isaías: “Mis cami­nos no son como los caminos de uste­des, mis planes no son como los planes de uste­des”. Vinicio fue un hombre de grandes multitudes, un hombre conocido en todo el país. Querido, valorado, todo lo que se quiera decir. Y en el plan de Dios estuvo terminar su vida por este mundo en un momento en el que solo pudimos estar  diez personas en su Eucaristía de funeral, y en el cementerio, porque no se permi­tían más. Los caminos de Dios, son otros caminos. Y esa manifestación multitudinaria de cariño y gratitud, que hubiese sido ex­presada por  la  Iglesia y los feligreses, le ha sido demostrada con la gloria que le ha sido reservada en el cielo.

Terminó con paz, simplemente se quedó… recuerdo que estaba pendiente de él, con visitas frecuentes, y en un momento dijeron: “No está respirando, se que­dó”, de esa manera, con esa paz, entró en el Reino del Padre.

¡Qué bueno que celebramos esta Euca­ristía. Que seis meses después sea presidida por Mons. Moya. Los dos caminaron tan juntos en el ministerio, en la vida sa­cerdotal, a través de más de 55 años. No­sotros nos unimos con la familia y la co­munidad que le vió nacer y crecer. Ade­más de un grupo de sa­cerdotes que fraternalmente estamos aquí para glorificar a Dios, porque él fue grande en la vida de nuestro hermano Vinicio. Porque él fue extraordinario, porque Dios se sirvió de él para hacer el mayor bien posible a tantos y tantas. Pues que juntos, como fami­lia de Dios, aquí congregada, glorifiquemos al Señor, le demos gracias y al mis­mo tiempo, lo tenga en la gloria que nadie le podrá arrebatar.

 

Homilía de Mons. Jesús María De Jesús Moya. Anécdotas y vivencias.

 

Estamos hoy en San José de Conu­co celebrando esta Eucaristía, porque este es el lugar de donde procedió Mons. Vinicio Disla Almánzar. Muchos de la comuni­dad de Conuco, al ver estos ejemplos de Juan Evan­gelista Disla, su hermano, y de él mismo,  luego se fueron al Semi­nario, y los si­guieron.

El padre Vinicio Disla es lo que se llama un ejemplo perfecto de vocación, de vivencias, de una vocación pastoral y de entrega a Dios y a su pueblo. ¡Es un gran ejemplo!

Ya se ha dicho que él nació el 28 de noviembre de 1935, en esta comuni­dad,  que llamamos San José de Co­nuco, perte­neciente a Salcedo. Justa­mente cumplía­mos años el mismo día,” lo que pasa que él se me fue ‘alante, pero él está mejor que yo, porque él está asegurado en la gloria de Dios, y yo todavía ando en el medio”… Cum­plíamos año el mismo día, reitero, y resulta que el mismo día, entra­mos al Seminario, el 27 de sept. de 1950.

Vinicio Disla, al terminar el bachi­lle­rato en Latín, se sintió llamado a vivir su vocación, en la Compañía de Jesús, y se fue a Cuba, como un aspirante jesuita ejemplar, pero como fue siempre un jo­ven entregado y decidido, descubrió que siendo jesuíta no era su camino. Después de un breve tiempo, ingresa de nuevo, al Seminario Mayor Santo Tomás de Aqui­no” y se ordena sacerdote el 27 de junio de 1964. Es lo que se llama un sacerdocio “gustado”, lo saboreaba.

Vinicio Disla gustaba, saboreaba su sacerdocio y lo vivía a plenitud. No hay pa­­labras para describir una voca­ción tan bonita, tan abierta y tan alegre … un verdadero artista de la música, de la palabra, de la entrega. “Cuando me tocó una Eucaristía con su hermano ya ido, Juan Evangelista Disla, Vinicio decía que su hermano era un mago de la Palabra de Dios, en la parroquia y  por la radio.

De ahí, que donde le tocó trabajar, en el Seminario Menor San Pío X, de Licey, en el Pontificio Seminario Santo Tomás de Aquino”, en Santo Domin­go, y en las parroquias que les tocó, fue siempre muy creativo, muy creativo. El himno del Se­minario Menor, de Licey, fue obra suya. El himno de la pucmm lo compuso junto al Padre César Hila­rio, quien fuera compañero de Juan Evangelista Disla. Al himno, el padre Hilario le puso la música, y el padre Vinicio las letras.

Creativo también, haciendo modelos de oración: “Ahí está un librito de oracio­nes que él escribió, al despetarse el cristiano, al levantarse; el ofreci­miento de todas las obras del día a Dios.  La oración de hacer bien la me­ditación, meditar la Palabra de Dios. Este librito contiene también:  la acción de gracias después de la comunión, la oración para bendecir el alimento, la mesa;  muchisímas oraciones para las visitas al Santísimo Sacramento, en el Sagrario, la Oración de los Apósto­les de la santificación universal. Oracio­nes para ministerios específicos de la Igle­sia, para la Legión de Ma­ría, para la juventud, el Aposto­lado de la Ora­ción … Además la oración por las vocacio­nes,  con tanta variedad, modelos de ora­ción de la noche. Yo quisiera que us­tedes lean ese librito.

Hemos expues­to algunas de las obras, algunas de las ar­tes, que vivió y gustó Vinicio Disla, con tanto amor”.

La Iglesia se fiaba y se fía de él, por eso en Santiago, aunque  han habido tantos sacerdotes muy buenos y muy trabaja­dores, sin embargo, al padre Vi­nicio Dis­la lo nombraban, “pro-vicario general”, y más en una Arquidiócesis tan grande co­mo Santiago, que ha crecido tanto. Arqui­diócesis, con tantos obispos auxiliares, con tantos vicarios generales… Vinicio Disla, “pro-vicario general”, así lo hizo Mons. De la Rosa y Carpio, es decir, que Vinicio era co­mún para todo el mundo. Ya Mons. Fello nos ha dado una síntesis sumamente bonita. Ponderemos nosotros toda esta riqueza que ha salido de esta comunidad. Y tanta gente buena que ha salido de aquí.

4 de octubre del año 2020.