El síndrome de la mujer maltratada

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“La paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea de todos”. San Juan Pablo II.

 

El síndrome de la Mujer Maltratada es un trastorno patológico de adaptación que se da en las mujeres que sufren violencia de género. El término se utilizó por primera vez en 1977 y en los Estados Unidos está asociado al Tras­torno de estrés Post Traumá­tico, pudiendo ser utilizado en casos legales cuando la mujer mata a su abusador.

Según el Dr. Lenore E. Walker, experto en mujeres maltratadas, el ciclo de la violencia consta de tres fases. En primer lugar la fase de tensión–construcción (el hombre hace comentarios que rebajan a la mujer, hay reproches, control de lo que hace, como se viste, con quién habla, la degrada y avergüenza adelante de otros) seguido por la explosión o in­cidente de maltrato agudo (golpes, insultos, discusión a gritos, amenazas, ahorca­miento, amenaza de asesinato a la propia mujer o a su fami­lia) y a continuación aparece la calma amorosa (referida como la fase de luna de miel, el agresor se arrepiente, pide perdón, hace regalos, se muestra sumiso).

Walker refiere que para que una mujer sea clasificada de “mujer maltratada”, debe experimentar al menos dos fases del ciclo de violencia.

El síndrome de mujer maltratada está constituido por seis grupos de criterios:

* Recuerdos perturbado­res del acontecimiento trau­mático.

* Hiper excitación y elevados niveles de ansiedad.

* Conducta elusiva y en­tumecimiento emocional ex­presados normalmente en forma de depresión, disocia­ción, minimización, represión y renuncia.

* Relaciones interperso­nales conflictivas debido al poder ejercido por el agresor y sus medidas de control.

* Distorsión de la imagen corporal y dolencias físicas y/o somáticas.

* Problemas sexuales.

La mujer maltratada es un ser bio-psico-social, que debe ser tratada por un equipo multidisciplinario y especia­lizado. En el plano psicológico, el tratamiento debe perso­nalizarse, trabajando: repercusiones físicas, psíquicas y emocionales de la violencia,  seguridad personal y protección de la vida, su autoestima, las distorsiones cognitivas o errores para interpretar los hechos, el manejo adecuado del estrés y canalización de las emociones. Adicional, técnicas de resolución de pro­blemas y de todas las secuelas post agresión.