El papa Francisco y la política

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Soy un entusiasta promotor de las refle­xiones del papa Fran­cisco. Analizo lo que dice, lo valoro, lo apo­yo. Su condición de  jesuita también me recuerda a una persona que influyó mucho en mi juventud: el padre Ramón Dubert.

El papa Francisco, con agradable frecuencia, toca temas de ­actualidad, algunos tal vez espinosos, pero de indudable importancia en un mundo complicado. Sin dudas, lo que ha expresado significa mucho para el futuro de la Iglesia católica en términos teológicos, sociales y conductua­les. Conoce al ser hu­mano, con sus luces y sombras y la complejidad de la historia de los pueblos.

Hace tiempo se re­firió a los políticos y a la actitud de la ciuda­danía frente a ellos. De igual manera motivaba a los cristianos a participar en la política. Les presento algunas de sus exhortaciones.

“¡No se puede go­bernar sin amor al pue­blo y sin humildad! Y cada hombre, cada mu­jer que debe tomar po­sesión de un servicio público, debe hacerse estas dos preguntas: ‘¿Amo yo a mi pueblo, para servirle mejor? ¿Soy humilde y escucho a los otros, los diferentes puntos de vista, para elegir el mejor camino?’ Si no se hacen estas preguntas, su gobierno no va a ser bueno. El gobernante, hombre o mujer, que ama a su pueblo es un hombre y una mujer humilde”.

“Ninguno de noso­tros puede decir: ‘Pero yo no tengo nada que ver con esto, ellos son los que gobiernan…’. No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor para que gobiernen bien y debo hacer lo mejor por participar en la política como pueda”.

“La política –dice la Doctrina Social de la Iglesia– es una de las formas más elevadas de la caridad, ya que es servir el bien común. Yo no puedo lavarme las manos, ¿eh? ¡Todos tenemos que dar algo!”. “Y si tantas veces hemos oído: ‘un buen católico no debe inmiscuirse en la polí­tica’ esto no es cierto, esa no es una buena vía”.

“Demos lo mejor de nosotros mismos, ideas, sugerencias, lo mejor; pero sobre todo lo mejor es la oración. Oremos por los gobernantes, para que go­biernen bien, para que lleven a nuestro país, a nuestra nación hacia adelante y también al mundo, que haya paz y bien común”.

Ojalá estos mensa­jes lleguen a gobernantes y gobernados. Son una invitación a servir desde el poder y a ser activos en esa noble tarea.