“El norte de la Altagracia”

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Allí estaba, a una orilla del conuco de tabaco que sembró más por costumbre que por seguridad. Sólo una esperanza lo alienta: que este año llueva como antes, y a eso se refería cuando alzó la voz para llamar mi atención.

¡Guzmán mire, ahí viene el norte de la Alta­gracia. Se me va a salvar el tabaquito! Con los brazos en alto me señalaba la cordillera.

Cierto, como una copa que se reboza, el firme de la loma dejaba rodar vapores de agua rumbo al valle y una temperatura propia de los inviernos de otros tiempos se dejaba sentir. Más al este, la nubosidad era densa y copiosa.

En nuestro vocabulario coloquial campesino se le llama “norte” a una llovizna provocada por los cambios de temperaturas que se producen por la influencia de los inviernos en el norte. Esta lluvia es muy fina y moja mucho, y es de gran beneficio para la siembra de tabaco, por el aporte que trae en nutrientes y humedad.

Esa noche, como ya hace muchos años que no ocurre, el norte no cayó pero sí la lluvia horizontal, el rocío de enero que empapa la naturaleza de microscópicas gotas que por su abundancia mojan como un norte.

El campesino dominicano, carente de seguridad, amarra su esperanza a la naturaleza y vincula eso a sus creencias y fe.

Ojalá que para todos llegara “el norte de la Altagracia” en esta fecha tan sentida entre noso­tros. Que sus gotitas empapen nuestra patria y nos sensibilicen para seguir luchando juntos por una siembra mejor.