En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: “Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.” (Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43)

Desde el domingo 28 de noviembre, fecha en que inició el año litúrgico, hasta el domingo pasado, la liturgia de la Palabra nos ha presentado, como primera lectura, textos del Antiguo Testamento. Desde hoy, hasta el 29 de mayo, estaremos leyendo el libro de Hechos de los Apóstoles, que marca el énfasis cristiano, a partir de la resurrección de Jesucristo, con respecto al judaísmo. Durante estas siete semanas el foco apunta a lo ocurrido con Jesús de Nazaret y la continuidad que los primeros cristianos dieron a su mensaje, tal como lo narra san Lucas en este segundo volumen de su obra.

En efecto, la mayoría de los entendidos consideran que Lucas ha querido escribir una obra en dos tomos, el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles. En el primero quiso poner por escrito la tradición recibida sobre Jesús de Nazaret; con Hechos ha querido presentarnos una obra programática –e idealizada- del proceso de configuración de la Iglesia en sus inicios. Con ella ha querido no solo dar continuidad al “evangelio de Jesús”, sino entroncar la historia de la Iglesia naciente con la historia bíblica de Israel en cuanto historia de salvación. Los distintos discursos, tanto de Pedro como de Pablo, que aparecen en el libro así lo atestiguan. Contienen, estos discursos, la mayor carga teológica del libro.

En el texto que se nos ofrece en este día nos encontramos con parte del tercero de los discursos pronunciados por Pedro en Hechos. Se encuentra en la segunda parte del relato de la conversión de Cornelio, el centurión gentil que se convirtió con todos los miembros de su casa. La liturgia nos presenta la parte principal de dicho discurso. En ella destacan varios elementos: la persona de Juan y su bautismo relacionados con la persona y misión de Jesús; vinculación de Jesús con Nazaret; su unción de parte de Dios con el Espíritu y con poder (con lo que se presenta a Jesús como un profeta inspirado, en sintonía con los del Antiguo Testamento); la misión sanadora de Jesús; la muerte en cruz y resurrección al tercer día (centro del “primer anuncio” o “kerygma”); la descripción de Jesús como “juez de vivos y muertos”, etc.

De todos esos elementos el más importante, sin duda, es la afirmación de que Jesús ha muerto y Dios lo ha resucitado. Experiencia tenida de modo particular por los apóstoles. La centralidad de esta confesión de fe radica no solo en ser lo primero que se anuncia, sino en ser lo fundamental de la fe cristiana. Notemos, entonces, que lo central en la fe cristiana, y por ende en la predicación apostólica, no es una ideología, sino una experiencia. Tampoco se trata de un discurso sobre un personaje mitológico, sino sobre una persona concreta, realmente humana, “Jesús de Nazaret”, “que pasó haciendo el bien”, que murió y “Dios lo resucitó”. De todo eso son testigos los que han compartido la vida con él.

Cabe señalar que en este, y los demás discursos, Lucas no recoge necesariamente las palabras que sus predicadores emitieron. Es posible que no las hayan pronunciado y que sea una elaboración lucana a partir de las tradiciones recibidas. No es descabellado pensar que pudo encontrar maestros que fueron “discípulos” y seguidores de los apóstoles que recordarán bastante contenido de aquella primera predicación.